"Amantes en la habitación de arriba", 1788. Kitagawa Utamaro.

Grabado en madera policromada. 25,5 * 36,9 cm.

Museo Británico, Londes, Reino Unido.

Kitagawa Utamaro (Probablemente Edo, hacia 1753 – Edo, 1806).

_______________________________________________________________

Poco se conoce de la biografía de Kitagawa Utamaro, más allá de que debió nacer en torno a 1753 en Edo (actual Tokio), Kioto u Osaka. Como nombre de nacimiento tuvo el de Kitagawa Ichitaro, pero al igual que muchos jóvenes japoneses, cambió su apellido al crecer, por el de Utamaro. Fue alumno, y quizá hijo, del maestro pintor Toriyama Sekien, que le formó en una pintura clásica japonesa aunque más adelante emprendería también el camino de la pintura popular, denominada ukiyo-e. Bajo esta corriente, representó escenas de teatro, actores y prostitutas del barrio del placer de Edo, en imágenes idealizadas, colores planos y encuadres recortados.

Realizó estampas para libros kabubi, grabados de guerreros, álbumes xilográficos de insectos y programas de espectáculos, aunque su principal inspiración fueron las figuras femeninas. Esta temática concretó el grueso de su producción artística desde aproximadamente 1791. Las estampas contenían fuerte inspiración erótica, conocido como shunga (literalmente: imágenes de primavera) llevando al artista a la cúspide de su éxito. No obstante, osó rebasar el límite al publicar grabados sobre una novela histórica prohibida, sobre el militar Hideyoshi y sus cinco concubinas. Fue condenado a pasar cincuenta días esposado (probablemente también encarcelado), algo de lo que nunca logró resarcirse emocionalmente. Murió dos años más tarde en el mundo flotante de Edo.

Su alumno Koikawa Shuncho continuó la línea del maestro, conociéndosele como “Utumaro II”. Kitagawa Utamaro.

La obra de Utamaro inspiró no solo a otros artistas japoneses, también lo hizo a grandes artistas occidentales impresionistas durante el siglo XIX. Tal es así, que se desarrolló la expresión “japonismo”. Lo vemos en obras con falta de perspectiva, encuadres espontáneos que dejan reproducciones incompletas, dibujo nítico con borde remarcado. Sin duda, una revolución para el habitual realismo existente en Europa. Henri Toulusse-Lautrec o Vincent van Gogh cayeron en la fascinación japonista, como así lo demuestran numerosas de sus obras, ya sean de inspiración propia, o réplicas de maestros japoneses. Vease por ejemplo la obra “Campos de ciruelos” de van Gogh (en torno a 1890) como reproducción de la ejecutada por Hiroshige treinta años antes (“Campos de ciruelos” de la serie Cien vistas famosas de Edo).

En su vejez, cambió nuevamente su nombre, por el de Ichitaro Yusuke.

 

María Gonzaga

8 de mayo de 2020