Arte y neuroestética.

El arte forma parte esencial de la forma de expresión del ser humano desde la antigüedad. Se han localizado pinturas rupestres datadas en 40.000 años. ¿Qué promovía a los homo sappiens a realizar estas pinturas o tallas en hueso u objetos con arcilla más recientemente?

Tanto la creación así como la contemplación del arte produce placer de una manera fascinante, algo que  la ciencia ha tratado de explicar.

¿Qué determina que algo sea bello y/o artístico? Planteamientos filosóficos pero también científicos han intentado explicar la respuesta emocional al observar una pieza artística. El arte depende de los sentidos y los sentidos dependen del cerebro. La neuroestética, término acuñado en 1990 por el neurocientífico Semir Zeki del University College de Londres, es la rama médica que auna el conocimiento y mecanimos neurocientificos con el arte. Permite entender cómo los humanos procesan el arte y la belleza. Mediante la neuroimagen, los especialistas han logrado visualizar el espectáculo del cerebro trabajando en directo. Resonancias magnéticas funcionales, han permitido identificar las múltiples áreas cerebrales que interactúan generando determinadas sinapsis en el proceso de creación u observación del arte. Es decir, que ante el estímulo artístico, algo muy intenso ocurre en el interior de nuestro cerebro, activando las áreas asociadas a la recompensa y el placer. El córtex orbitofrontal procesa las percepciones de belleza y fealdad, difiriendo una u otra en la intensidad con la que se activa. Cuando algo nos resulta bello, se activa la parte derecha de la amígdala, asociado a las percepciones de satisfacción y miedo.

Por otro lado, el principio atracción, intrínsecamente vinculado en nuestro instinto de supervivencia y opuesto al de aversión, vendrían a explicarnos reacciones ante el arte. Nos sentimos atraídos por ciertos colores en los alimentos, los más saludables, mientras que sentimos aversión ante lo que indica que la comida está podrida. Igualmente, nos atraen determinados rasgos faciales o microgestos que se vinculan con el instinto de perpetuación de la especie.

Pero no todo se explica a través de la biología cerebral. Factores culturales o experiencias previas vividas, vienen a poner su propio sello en la percepción de lo artístico. Pero lo sorprendente es que ante una misma obra de arte, ocurre lo mismo en el interior de cerebros pertenecientes a personas de distintas culturas.

Ya desde la Antigua Grecia se conocía la íntima emoción presente en una obra de arte que despierta otra similar en quien la contempla, y le dieron un nombre: Pathos. Se trata de la llamada a los sentimientos más íntimos del espectador.

La ciencia afirma que el arte conlleva beneficios físicos y en el estado de salud en general. El ejercicio artístico logra mayor plasticidad cerebral además de beneficios emocionales y psicológicos. En determinados supuestos, como con el Alzheimer, la ansiedad o la depresión, es complemento terapéutico. Bajo esta creencia, el proyecto “Arte que sana el Alma” impulsado por la Comunidad de Madrid, el museo Thyssen cedió en el año 2017 parte de las láminas de su pinacoteca al Hospital La Fuenfría para que decorasen las habitaciones de enfermos hospitalizados. Y es que está empíricamente demostrado que el arte incide favorablemente en el estado de los pacientes.

En el caso de niños, los beneficios se amplían: mejora de la psicomotricidad fina, aumenta la autoestima y confianza, fomenta la concentración y la memoria, estimula la capacidad visoespacial, facilita las relaciones interpersonales y un largo etcétera. Se ha comprobado que para los más pequeños el arte contemporáneo, libre de encorsetamientos y rigideces académicas, resulta más natural que el arte clásico. En palabras de Chema Mesías, profesor y autor del libro “Educación Artística Sensible”: “la práctica artística permite desarrollar una sensibilidad estética y esto activa una forma de ver la vida, de ponerse en el lugar del otro y abrirse a lugares, individuos y culturas, genera personas críticas y socialmente comprometidas”. 

María Gonzaga

15 de junio de 2019

 

Bibliografía consultada:

Curso Universitario "Arteterapia", Universidad Europea Miguel de Cervantes.

Educación Artística Sensible”. Chema Mesías.

Artículo de María Vélez (licenciada en psicología y máster en Neurociencia).