"Autorretrato en el sexto aniversario de bodas", 1906. Paula Modersohn: una mujer frontal.

Temple sobre cartón. 101 x 70 cm.

Paula Modersohn-Becker Museum. Bremen, Alemania.

Paula Modersohn (Dresde, Alemania, 1876 – Worpswede, Alemania, 1907). 

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En esta obra encontramos un autorretrato de la pintora alemana Paula Modersohn a modo de homenaje por el sexto aniversario de boda con el también pintor Otto Modersohn. La pintora entendió que si quería dar viento a sus alas artísticas, debía beber de la fuente de creatividad que representaba el ambiente de la bohemia parisino. De forma que cuando ejecutó esta obra, en realidad los cónyuges no residían juntos. Resulta llamativo que la artista firmara la obra utilizando el apellido de soltera, Becker. No solo este detalle es una declaración de intenciones sobre su fuerte personalidad y deseos de libertad, también el hecho de representarse a sí misma prácticamente desnuda, tan solo está cubierta por una tela bajo el vientre y se adorna con un collar de cuentas. Hasta el momento, el desnudo femenino parecía terrero reservado a sus colegas masculinos, pero muchas pintoras, como Modersohn ejecutaron multitud de autorretratos (más de treinta en la corta vida de esta artista), y es que la biología nos hace particularmente conscientes de nuestro cuerpo, con menstruaciones, embarazos, …

La postura de hombros hacia atrás, y manos circundando el abdomen, crean la errónea creencia de que se encontraba embarazada, aunque de momento, no era así. El embarazo llegaría un año después, tras vencer la reticencia de convertirse en padre de él. Ella deseaba fervientemente convertirse en madre, aunque poco pudo disfrutar de la maternidad.

 Minna Hermine Paula Becker nació en la ciudad alemana de Dresde, siendo la tercera de un total de siete hermanos. Sus progenitores pertenecían a una clase noble que frecuentaba círculos artísticos con frecuencia, lo que facilitó el acceso a la cultura de Paula desde su infancia. Esta etapa fue feliz para la pequeña Paula, aunque un acontecimiento vendría a marcarle para siempre. Mientras jugaba con dos primas en las galerías de una cantera de arena, se produjo un desprendimiento que provocaría la muerte a una de ellas. En una carta que envió al poeta Rainer María Rilke ya en su adultez, la artista le confesaría hasta qué punto influyó en ella esta pérdida.  

Con doce años, Paula se trasladaría a Bremen por el cambio de trabajo de su padre.  Dos años más tarde, sería enviada a Inglaterra a estudiar. No solo perfeccionaría el idioma inglés, también recibiría sus primeras clases de educación artística, despertándole un interés por la pintura que nunca le abandonaría. A su regreso a Alemania, comenzó los estudios que la convertirían en maestra por no contrariar el deseo del padre, pero sin dejar de recibir clases de dibujo y pintura. Al progenitor se le atribuyen los siguientes mandatos sobre Paula: “encuentra un hombre y pinta en tu tiempo libre, si a él no le importa” “Se profesora o institutriz, las mujeres no pueden ser pintoras”. Parece que la rebelde muchacha replicó con rabia: “seré lo que me dé la gana”. Y no mentía.

Tras obtener el título de maestra, viajó a Berlín, donde perseveraría en el estudio de la técnica pictórica, llegando a ser alumna del pintor Jeanne Bauck. Para financiar estos estudios, necesitaría de la generosidad de sus tíos, y es que mientras que los estudiantes varones obtenían esta formación de forma gratuita, las mujeres debían pagar por ello. En aquella jaula de convencionalismos, Paula percibía que el trato recibido oscilaba entre el paternalismo y la burla. Se le exigía una pulcra reproducción fotográfica de los paisajes, “el resto son garabatos”, a lo que ella respondía con fuertes pinceladas, porque “así es como lo percibo”. En aquella época conocería a la escultora Clara Westhoff, al poeta Rainer Maria Rilke y a quien se convertiría en su esposo, el también pintor Otto Modersohn.

Tanto Paula como Otto creían en la importancia de regresar a valores simples de la naturaleza y de los oriundos de Worpswede, con esquematización de las formas y reducida paleta cromática. Pero el genio creativo e inquieto de ella, la empujaba a explorar nuevas fuentes de inspiración. Marcharía en solitario a París en repetidas ocasiones. En una de estas estancias, ingresaría como alumna en la Académie Colarossi en el Barrio Latino de París, una de las pocas escuelas que admitían mujeres en su alumnado. Y es que en un territorio reservado a los varones, se entendía que el valor de la mujer no debía exceder el de posar para ellos o sujetarles la paleta de óleos. En Paris tuvo posibilidad de visitar sus prestigiosos museos, donde cayó rendida a la genialidad de Paul Cezanne. En sus regresos a la casa con Otto y la hija de este, continuaba su actividad artística, gracias al pequeño estudio que él acondicionó para ello.

Paula apenas consiguió vender dos cuadros en vida a dos amigos. Pero no por ello desistió en su interés de reflejar la realidad tal y como ella la percibía.

Aunque su nombre no es excesivamente conocido más allá de su oriunda Alemania, en apenas catorce años, esta artista produjo en torno a los setecientos cuadros, de significativa importancia muchos de ellos. Trabajaba con voracidad, quizá intuyendo que no le quedaba mucho tiempo. Así fue. Apenas unos días más tarde de dar a luz a su única hija con Otto en Worpswede, fallecería de una embolia pulmonar a la edad de treinta y un años.

El reconocimiento como una de las pioneras del Expresionismo en Europa, le vendría tras su muerte y se convertiría en la primera mujer de la historia en tener un museo propio.

“Sed idealistas hasta la senectud. Idealistas que encarnan una idea. Entonces habréis vivido”. Paula Modersohn.

María Gonzaga

31 de enero  de 2019

Bibliografía consultada:

Ellas mismas. Autorretratos de pintoras”. Ángeles Caso. Ed. Libros de la letra azul.

Película “Paula”. 2016. Christian Schwochow.