"Betsabé", 1654. Rembrandt.

Óleo sobre lienzo. 142 * 142 cm.
Museo Louvre, París. Francia.

Rembrandt Harmenszoon van Rijn (Leiden, Holanda, 1606 – Amsterdam, Holanda, 1669).

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Sumida en la intimidad de sus pensamientos, encontramos a Betsabé sosteniendo en sus manos la carta que le obliga a cumplir el mandato del rey David de cometer adulterio, estando ella casada con Urías. La leyenda narra que David paseaba por su palacio, cuando atisbó a la muchacha bañarse. Cautivado por su belleza, la ordenó acudir a su encuentro y ella quedó encinta. Con el fin de ocultar la paternidad del neonato, David pidió a Uría que regresara a su hogar, a lo que él rehusó por no abandonar su tropa en plena batalla. Enfurecido, David lo puso al frente más feroz, que acabaría con la vida del bravo guerrero. Tras ello, David incluiría a Betsabé en su amplio harén.

Betsabé, al igual que Susana con los Viejos, es imagen recurrente en las biblias moralizantes, que, encumbradas en una extraordinaria misoginia, crearon leyendas para aleccionar sobre los efectos de la seducción femenina, que apartaba al hombre de la rectitud de sus pensamientos.

La modelo es Hendrikje, nueva pareja sentimental del pintor tras fallecer su esposa, Saskia, su también prima. Más allá de interpretaciones mitológicas, lo que el pintor nos traslada es la imagen de una mujer en actitud indefensa más que sensual, ensimismada pero a la vez atenta a su higiene. Con enorme virtuosismo, el artista deposita luz y color a su antojo, creando una atmósfera envolvente y de gran realismo.

La obra es considerada una de las pinturas más sugestivas Rembrandt Harmenszoon van Rijn, artista nacido en la holandesa ciudad de Leinden a comienzos del siglo XVII. Pertenecía a una acomodada y extensa familia, de padre molinero y madre descendiente de panadero, oficios muy lucrativos en la época. Pronto destacaron las dotes artísticas del pequeño, por lo que acudió a clases de Arte en la localidad natal. Concluidos con éxito los estudios, creó su propio taller como maestro de pintura compaginando la realización de retratos, incluyendo los de miembros de la familia real. Trasladaría posteriormente su residencia a la capital, Amsterdam, donde continuó acrecentando su prestigio y pasó a formar parte del selecto círculo artístico y aristocrático de la ciudad. Contrajo matrimonio con su prima Saskia, el gran amor de su vida. No obstante la suerte no acompañó a la pareja, que tuvieron tres hijos que fallecieron al poco tiempo de nacer. El cuarto hijo sobreviviría, pero no así la madre, que expiró tras el parto, probablemente víctima de tuberculosis. La patética escena de Saskia agonizante en su lecho de muerte quedó inmortalizada en conmovedores lienzos del artista. El pintor iniciaría una segunda relación sentimental con su bella y joven sirvienta, siendo ya adulto su único hijo. Fruto de esta segunda unión no legitimada por el matrimonio, nació una niña, que supuso la excomunión de la madre de la Iglesia. No tuvo consecuencias sobre el pintor, por no formar parte él de la institución religiosa.

Rembrandt consiguió acumular un nada despreciable patrimonio fruto de su trabajo, pero tan fácilmente lo obtenía como lo dilapidaba, en la adquisición de diversos obras de arte, minerales, bustos, armaduras y cuantas curiosidades suscitaron su interés. No tardaran en aparecer las dificultades financieras, que le obligaron a vender sus posesiones y vivienda, obteniendo un exiguo beneficio por ello. Tuvo de mudarse a un barrio modesto y afrontar el rechazo de la comunidad de pintores, que dificultaron su ejercicio como pintor por el escándalo de su vida personal. Como medio de subsistencia, trabajaría en el taller fundado por su hijo, en el que fue contratado como empleado. Viviría la muerte de su segunda compañera sentimental y la de su hijo. Sumido en la pobreza y soledad, falleció a la edad de cincuenta y tres años.

Rembradt manejó con maestría técnica la pintura religiosa, alegórica, narrativa e histórica, así como el género paisajístico y los retratos. En relación a estos últimos, realizó un considerable número de autorretratos, que muestran la evolución psicológica del pintor. Desde la inicial etapa de auto-representación a modo de personaje burgués, a menudo ataviado con anacrónicos ropajes, derivó a una fase irreverente, como la obra “Retrato con Saskia en las rodillas” (1635), en la que sonríe socarronamente al espectador mientras alza una copa de cerveza, y la posterior evolución hacia una imagen con gran connotación psicológica en la desgraciada recta final de su vida. Dominó el claroscuro y la iluminación caprichosa de la luz como medio de dirigir la atención del espectador. Generó un efecto matérico en los objetos y materiales mediante el impasto con plumbonacrita, resultado de añadir óxido de plomo al pigmento blanco de plomo, según ha demostrado el estudio científico de su obra. No habría muchos artistas que emplearan este pigmento en su época, pero sí más adelante, como así se ha encontrado en algunas obras de Vincent van Gogh, dos siglos después.

Recientes análisis neurocientíficos de las pinturas del artista, vienen a descubrir que muy probablemente este tendría estrabismo, y esa visión bidimensional podría haber favorecido su producción artística. No en vano, en el estudio académico del dibujo y la pintura, se pide a los pintores que entrecierren sus ojos o cierren uno de ellos para su mejor traslado al lienzo. Quizá también este sea el motivo por el que se aprecia una ligera desviación en la mirada de algunos de sus retratados.

Rembrant legó una importante producción artística, que incluye numerosos grabados, que hoy se exhibe en los principales museos de Amsterdam, La Haya, Nueva York, Los Ángeles, Washington, San Petesburgo, Viena, Berlín, Paris, Londres y España, entre otros.

María Gonzaga

27 de septiembre  de 2020 

Bibliografía consultada:

"Los realismos en el arte barroco". Victoria Soto Caba / Palma Martínez-Burgos García / Amparo Serrano de Haro Soriano / Antonio Perla de las Parras / Javier Portús Pérez. Ed. Universitaria Ramón Areces.

Rembrandt”. Unión editorial.