"Dama de azul", 1937. Henri Matisse, estallido de color.

Óleo sobre lienzo 93x 73,6 cm.
Colección privada.
Henri Matisse Le Cateau-Cambrésis, Francia, 1869 – Niza, Francia, 1954).
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En el cuadro « Dama de azul », el pintor Henri Matisse refleja la fascinación hacia Madame Moisseier, “su cuello alargado, ceñido por un collar de oro como una cadena”. El pintor admiraba a las mujeres bellas y altas, de quienes decía que “tienen la talla de un semidios, un plátano”. Equiparaba anatomía y vegetación con la misma naturalidad que hablamos del “brazo” de un sillón. El vestido, más que ornamento, parece ser una segunda piel. Una perfecta simbiosis entre las alajas y los ropajes con el cuerpo de la mujer que derrocha sensualidad. El grueso cuello, a las que el pintor ha añadido unas vértebras de más, nos lleva a pensar que pudiera tener bocio, como las que también pintaba Ingres un siglo atrás. El pintor realizó numerosísimos retratos de mujeres, plasmando su ideal de belleza femenino: piernas largas, muslos redondeados, cintura afinada, senos prominentes, y envueltas en arabescos de vivos colores con los que encender íntimos deseos.

Henri Matisse nació en Le Cateau-Cambrésis, en el seno de una familia dedicada a los negocios de la droguería y las semillas. En aquella pequeña localidad situada en el norte de Francia, transcurrió su apacible infancia de Henri, hasta que llegada la etapa universitaria, marchó a París. Ingresó en la facultad de Derecho a iniciativa del padre, al tiempo que trabajaba como administrativo para financiarse la formación. No sería hasta el periodo de convalecencia tras sufrir apendicitis cuando comenzara a pintar, tras proporcionarle su madre los materiales necesarios para entretenerse durante el tiempo de reposo. La actividad le fascinó hasta el punto de abandonar los estudios de leyes, con gran contrariedad por parte del progenitor, para embarcarse en el estudio de la pintura en diversas prestigiosas academias parisinas.

Se entregó con pasión al estricto aprendizaje academicista, tanto en el taller como en el interior del museo del Louvre realizando réplicas de los grandes maestros del Arte. Su trabajo no tardó en granjearse reconocimiento que le permitieron formar parte del selecto círculo artístico parisino. Junto al pintor André Derain, impulsó el efímero movimiento fovista, en composiciones libres con vibrantes colores. Bebió de las influencias de muchos de sus colegas como Cezanne y Renoir, pero llegó a desarrollar un personal estilo a la manera fauve. Sus formas y detalles se redujeron a la mínima expresión, impregnando las obras en luz y vivos colores. No tanto por el dibujo sino por la gama cromática empleada, lograba dar gran sensación de profundidad a las obras, algo característico del pintor. Como también es representativo de Matisse la profusa representación de motivos arabescos en vestimentas, cortinajes y alfombras, inspirado en sus viajes a Sevilla, Granada, Tanger y Argelia. Aunque más adelante experimentaría el género cubista, el influjo arabesco dejó una indeleble huella en su obra, en la que superpone finísimas veladuras traslúcidas.

El asesinado del heredero al trono austriaco y su mujer enciende el polvorín de la Primera Guerra Mundial. Matisse solicitó ser llevado al frente de batalla, pero su solicitud fue rechazada. Se trasladaría a Tolosa, y más tarde a Collioure. Serían años de intensa producción artística, y de estrechar lazos con otros artistas como el madrileño Juan Gris, Albert Gleizes o Kandinsky, quien le guiaría en una de las exposiciones del movimiento expresionista Die Brücke (El Puente). Estas influencias junto con el poso de lo aprendido en el maghreb, cambiarían profundamente su pintura.

Tras el conflicto bélico, de la mano de la expansión colonial, comenzaron a llegar a Europa objetos y animales que eran exhibidos para asombro y disfrute de los visitantes. Facilitó también que los más interesados en conocer culturas extraeuropeas, viajaran a tales destinos, como fue el caso de Matisse que realizó un largo viaje por la Polinesia (Tahití y Tuamotu). Sería allí donde concebiría una de sus obras más significativas, “La Danza”, con la que se puede afirmar que logró representar el movimiento. Previamente había estado en Estados Unidos, donde visitó los más importantes museos, y conoció a importes coleccionistas de arte, como Albert Barnes, que le encomendó una pintura mural para su fundación en Merion Station.  

El estallido de la Segunda Guerra Mundial le encuentra en París. El terror hacia la guerra, le hace pensar en emigrar a Brasil o Estados Unidos, pero finalmente se traslada a la Costa Azul. Allí siguió trabajando en paz, aunque no corrieron igual suerte su mujer e hija, que fueron arrestadas por la Gestapo. Una ingresó en prisión y la otra fue embarcada en un tren con destino a un campo de exterminio. La liberación que llevó gracias a los aliados, permitió la liberación de ambas. A lo largo de esta intensa vida, Matisse no solo pintó, sino que también realizó grabados, innumerables dibujos, esculturas e incluso fue autor de un libro, Jazz, con su escritura facsímil y 20 ilustraciones a color.  

Hacia el final de su vida, sufrió cáncer de colon y pasó en numerosas ocasiones por el quirófano. La fragilidad de su cuerpo, le obligó a permanecer postrado en cama y silla. Pero no por ello dejó de lado la pulsión interior por crear. A partir de ese momento, se dedicó a lo que denominaba “pintura con tijeras”. Se trataba de collages a partir de láminas de papel que indicaba como recortar y pintar con gouaches para posteriormente encajar en la composición mediante el empleo de alfileres. Joviales composiciones cargadas de optimismo y armonía, induciéndonos a lo que decía el pintor: “debemos ver la vida como si fuéramos niños”.  

En la actualidad podemos disfrutar de la obra de Henri Matisse, entre otros, en el Museo Matisse de Niza, el Museo Hermitage (San Petesburgo, Rusia), el Centro Pompidou (París, Francia), el Museo de Arte Moderno y el Museo Guggenheim (Nueva York, Estados Unidos) y el Museo Thyssen (Madrid, España).

María Gonzaga
15 de noviembre de 2020

Bibliografía consultada:

Matisse”. Gilles Néret. Ed. Taschen.

“Matisse”. Ed. Electa.