"Dos chicos en la piscina", 1965. David Hockney, dulce y libre California.

Óleo sobre lienzo. 214 * 304 cm.

Colección particular.

David Hockney (Bradford, Inglaterra, 1937)

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Un elegante hombre con americana de color rojo y jeans claros, observa impasible al nadador que bucea en su dirección. La leve inclinación de su torso hacia delante, constata el interés por quien se le aproxima. Se trata de Peter Schlesinger, quien fuera pareja e inspiración de numerosas obras del pintor David Hockney. Se conocieron siendo Peter alumno de David en la UCLA, iniciando una relación que duraría seis años. Vivieron juntos en Los Ángeles y en Europa, hasta que en 1972, tras enamorarse Peter de otro hombre, David perdió a quien considera el amor de su vida. Combatió el dolor por la pérdida trabajando día y noche en esta obra, que se considera una de las más bellas del artista.

El intenso sol californiano espejea en la azulada piscina. Tras ellos, la suave sucesión de colinas frondosas. Parecería que el autor pretendiera crear un triángulo entre el nadador, Peter y el espectador. ¿O quizá quisiera constatar que él, en su posición de creador de la obra, fue testigo de cómo se fraguó esta relación?

La obra se exhibió en el Museo Metropolitano de Nueva York, la Tate Gallery de Londres y al Centro Pompidou de París, hasta que en el año 2018 fue subastada por la prestigiosa galería de arte Christie’s. La puja alcanzó la nada despreciable cifra de 90,3 millones de dólares, consagrándo en ese momento a Hockney, como el artista vivo más caro de la historia. Un año más tarde, le sería arrebatado este reconocimiento por el artista americano Jeff Koons, tras vender su obra “Rabitt” por 91 millones de dólares.

A diferencia de otros artistas, el joven Hockney no encontró oposición familiar en estudiar arte, y así lo hizo en el Bradford College of Art y posteriormente en el elitista Royal College of Art (RCA). No obstante, renunció al encasillamiento académico necesario para obtener la graduación por parte del RCA, al no presentar los dos trabajos de fin de curso, consistentes en un desnudo femenino del natural y un ensayo escrito. Por el contrario, lo que entregó fue el lienzo representando un sonriente hombre desnudo con la inscripción “Life for a diploma” (“Pintura natural a cambio de un diploma”, 1962). Sobra decir que no entregó ensayo alguno, por considerar que eran sus obras las que debían hablar por él.

Hockney reconoció abiertamente su orientación sexual en un momento en el que el amor homosexual estaba “prohibido”, y reivindicó la sexualización de los modelos de sus obras, que a menudo eran sus propias parejas. En busca de una mayor libertad, abandonó su Inglaterra natal para residir en California. Fumador y bebedor empedernido, juerguista, pronto entró en el círculo de la jet set americana, entre quienes se encontraban Billy Wilder o Henri Cartier-Bresson, de la que reflejó su buen vivir en imponentes mansiones, mientras se bronceaban o nadaban en ideales piscinas. Decía haber nacido con sinestesia, lo que le hacía evocar colores a partir de notas musicales y de ahí, su brillante paleta de colores.

Durante un vuelo a California, descubrió el bello color del agua contenida en las piscinas, y comenzó a incorporarlo en sus obras. Aguas cristalinas de intenso color azul con brillantes reflejos en forma de sinuosas líneas blancas entrecruzadas. Sensación de modernidad, color y calor.

El pintor, que se tiñó de rubio “porque los rubios se divierten más”, es un rebelde irónico que se resistió a identificarse como integrante del Pop Art. Conoció y reconoció al máximo exponente del arte popular, Andy Warhol, pero tanto su obra como su desinhibición personal, difieren por completo. La obra del inglés es mucho más completa y compila influencias clásicas con influjo del expresionismo propio del siglo XX, imprimiendo un sello muy personal. Colores intensos y trazos libres, figuras perfectamente recortadas en superficies planas con inspiración fotográfica y empleo del acrílico, son insignias de la técnica pictórica de Hockney. La ejecución es rápida, dedicando apenas unos días para finalizar sus obras.

El artista ha confesado sentir adoración por la obra del pintor holandés Vincent van Gogh, a quien define como el primer colorista y ágil representante del movimiento en la naturaleza. No en vano realizó re-interpretaciones de algunas de sus obras, como “Silla de van Gogh” y posteriormente “Silla de Gauguin” (1998).

Como retratista, a Hockney le avalan cientos de retratos, la mayoría en dimensiones standard de 121 * 91 cm. Permitía que el retratado seleccionara su vestimenta, pero no tanto la pose, que debía ser negociada con el pintor. Una vez decidido, el asistente del pintor marcaba la posición de sus pies sobre el suelo para y comenzaban el trabajo. Las sesiones duraban entorno a seis horas diarias durante tres días. Ocurrió que uno de los días el retratado no acudió a la reunión, y no dispuesto a perder el tiempo, Hockney reemplazó la silla con brazos por un tosco banco y dispuso un pimiento rojo, varios tomates, limones, una pera, plátanos y una naranja. A representar esta composición dedicó exactamente el mismo tiempo que empleó con los retratos humanos. No obstante, en palabras del artista, “Nunca me he considerado un retratista, pero la figura humana ha sido siempre una fuente de inspiración para mí. Lo importante no es el tema o el contenido, sino la obra, la forma”.

Hockney siempre ha sentido pasión por la fotografía y por la tecnología. A propósito de la primera, son reconocidos sus fotocollages, como por ejemplo “Blue terrace” (1982) o el retrato de Stephen Speder (1985). En cuanto a la tecnología, difiere de la habitual reticencia de sus coetáneos, empleando su ipad como medio de crear nuevas obras, ya sea con un lápiz digital o con su propio dedo. Ni su avanzada edad ni sus dificultades visuales o la acuciante sordera le hacen desistir de su afán por investigar nuevas técnicas artísticas. Comenzó a realizar impresiones digitales por puro divertimento propio, y fueron sus amigos quienes le impulsaron a hacerlo público y comercializarlo. Aunque despreció la idea en un principio por considerar que a nadie le interesaría adquirir una imagen que podría descargarse por sí mismo las veces que quisiera, lo cierto es que tuvieron gran acogida por parte de sus seguidores.

La obra de Hockney figura, entre otros muchos museos, en la Tate Gallery (Londres), el Museo Metropolitano y el Museo de Arte Moderno (Nueva York), el Museo J. Paul Getty (Los Ángeles), Museo de Arte de Filadelfia, Museo de Arte Contemporaneo de Tokyo y el Centro Pompidou (París.

Pintor, grabador, dibujante, fotógrafo, escritor y escenógrafo, la obra de Hockney despierta enorme interés cada vez que se organiza una exposición. No en vano, resulta ser el artista vivo más caro del mundo.

María Gonzaga

1 de noviembre de 2020

Bibliografía consultada:

“David Hockney”. Marco Livingston. Thames & Hudson.

https://www.christies.com/Features/My-highlight-of-2018-Portrait-of-an-Artist-Pool-with-Two-