"El sueño de las musas", 1979. Eduardo Naranjo: realismo onírico.

Óleo sobre lienzo. 225 x 300 cm.
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, España.

Eduardo Naranjo (Badajoz, 1944).

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El sueño de las musas, como su nombre indica, parece introducirnos en el mágico mundo de los sueños, dando verosimilitud a una imagen fantástica. Se trata de una obra cumbre del realismo onírico de Eduardo Naranjo. En ella el pintor trabajó casi dos años, logrando una difícilmente igualable profundidad y luminosidad. El lienzo viajó a lo largo de diversas partes del planeta como Basilea, Tokio, Nagasaki, hasta ser donada por el artista al Museo Thyssen (Madrid). Y ello es gracias a que el pintor no cayó en la tentación de aceptar el cheque en blanco ofrecido por un pudiente marchante en la prestigiosa muestra de Basilea. Con excepción del cráneo y la silla, el resto de elementos que integran la composición son producto de la imaginación del artista, lo que le llegaría a afirmar que esta obra representa lo más complejo de sí mismo.

Eduardo Naranjo nace en el seno de una familia dedicada a la agricultura, en un pequeño pueblo de Badajoz. La temprana afición del pequeño hacia el dibujo, le hacía parecer diferente del resto de niños de la localidad. Pintaba con la naturalidad con la que sonreía. La fortuna quiso que en su camino se cruzara el pintor paisajista Eduardo Acosta, quien se convertiría en su primer maestro con 13 años. Posteriormente ingresaría en las Escuelas de Artes y Oficios. Las excelentes calificaciones con que finalizó a formación así como los premios conseguidos en diversas exposiciones en las que intervino, le acreditaron para obtener posteriores subvenciones a mayor formación en Sevilla y Madrid. Al finalizar estudios en la capital, Naranjo quiso lanzarse a experimentar una técnica alejada de las rigideces académicas: el expresionismo. Pintaba con voracidad, acabando cuadros de gran formato en apenas una mañana. Talento natural que había sido entrenado, ya que como dice el pintor, la creatividad ha de contar necesariamente con un método.

En 1969 conseguiría una beca de estudios en Paris, donde tendría posibilidad de estudiar tanto obras clásicas como vanguardistas. Cuenta el artista que la experiencia le sirvió para reflexionar sobre el exceso de influencia de las obras de Paris en su trabajo, obligándose a decidir qué hacer a continuación. Fruto de esta diatriba, a su regreso a Madrid comenzó un trabajo más realista. De forma natural, en su obra afloraron detalles oníricos donde el artista refleja los sentimientos que le embargan. Dice de sí mismo que es un gran soñador, de forma que estas representaciones le surgen con la fluidez con que transita la vigilia al sueño. Un discurso pictórico que muestra cabezas vacías, rostros ocultos, cuerpos acéfalos, mobiliario maltrecho por el paso del tiempo. El tiempo y las ausencias que trae a su paso … La interpretación no es unívoca, de ahí la magia de su obra. Naranjo trabaja la obra de forma concienzuda y minuciosa, no llegando a considerar acabadas completamente sus obras. Las “abandona” cuando le es menos desagradable, o cuando le obligan a dejarlo. Pese al tiempo dedicado en cada trabajo, su portafolio es extenso.

A comienzos de los años 80, la obra de Naranjo cobra colores más cálidos, y comienza a representar el campo y el mar. A propósito de esta transición, el artista justifica ya que la faceta de artista evoluciona de la mano de su vida personal, que pasó a ser más grata. Haciendo suya la frase de Pablo Picasso, diría que “el artista auténtico, más que buscar, encuentra”, en el vivir diario encontraba inspiración.

Poco amigo de exposiciones individuales, las numerosas exposiciones colectivas en las que la obra del artista ha participado, siempre han concluido con enorme éxito en crítica y público. Padrinos de algunos de estos encuentros serían los ilustres poetas José Hierro y Carlos Murciano. En todo caso, tras el agradecimiento a la crítica, no deja de reconocer lo caprichoso de esta, tal y como se ha visto en numerosos casos a lo largo de la Historia del Arte.

El pintor ha ejecutado numerosos auto-retratos. Al ser preguntado al respecto, responde que es cuestión de practicidad, por evitarle posados a otras personas, al tiempo que le servía de autoanálisis. Sin duda, un enorme artista contemporáneo que ha conseguido ser profeta en su tierra además de reconocimiento internacional.

 

María Gonzaga

1 de marzo  de 2019

Bibliografía consultada:

Web de Eduardo Naranjo: www.eduardonaranjo.es/

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