"En el tocador", 1909. Zinaida Serebryavov, una vida de película.

Óleo sobre lienzo, 75 x 65 cms.

Tretyakov Gallery, Moscú.

Zinaída Serebriakova (Neskuchnoye, actual Ucrania, 1884 - París, Francia, 1967)

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A finales del s. XIX nacía Zinaída Lanceray en Neskuchnoye, localidad en aquel momento del Imperio Ruso, y actualmente de Ucrania, en el seno de una culta y bien relacionada familia rusa-francesa. Su padre era escultor y en su familia se encontraban varios artistas y militares.

Su madre, descendiente del pastelero real de la corte de Luis XVI de Francia y contaba con habilidad para el dibujo. Enviudaría pronto, por lo que la familia marcharía a vivir a la casa de abuelo materno, un reconocido arquitecto de la Academia Rusa de Ciencias. Tendrían también la ayuda y tutelaje de su tío, el pintor Alexandre Benois. No eran infrecuentes las visitas a la familia de artistas, políticos, pensadores, escritores. En tal ambiente, no era de extrañar que la pequeña Zinaída pudiera desarrollar al máximo su natural destreza por el dibujo y la pintura. Pero no por ello era ajena de la situación en la que se encontraban familias campesinas, con quienes tuvo relación a través de los trabajos que realizaban en la hacienda familiar.

La infancia y juventud transcurriría en San Petesburgo. Tras finalizar su educación reglamentaria, entró en la escuela de arte que entre otros tutores, tendría a los famosos pintores Iliá Repin u Osip Braz. Proseguiría educación en Roma, Florencia y en Paris. En esta última ciudad, conoció a la pintora suiza Martha Stettler, que habría su propia academia de arte en la que poder desarrollar éste alejado de las rigideces académicas, abriendo paso a la corriente de arte independiente.

Al regreso de sus viajes europeos, contraería matrimonio con su primo hermano, Boris Serebriakov, pasando ella a tomar el apellido de su cónyuge. Se conocían desde pequeños, y para lograr su unión, debieron romper las reticencias familiares, tanto por los vínculos de sangre, como por el hecho de que ambas familias profesaban distintas creencias religiosas (católica y ortodoxa). Tras su enlace, la artista demostró de nuevo carácter al no abandonar su trabajo frente al caballete, codeándose con miembros de las vanguardias rusas incluso en avanzado estado de gestación de sus cuatro hijos.

Sus obras reflejaban temas populares y del campesinado, cautivada como estaba por la belleza de los paisajes y personajes rusos. Pese a la dureza de esta vida, Zinaída nos la acerca con ternura, delicadeza,  y enorme respeto, como tratando de capturar con cada pincelada la dignidad de sus personajes. Una mirada romántica y colorista, ensoñadora de los trabajos sencillos, que resultan ser los más importantes.

Con motivo de la exposición organizada por la Unión de Artistas de Rusia en 1910, realizó su obra “En el tocador”, consiguiendo un gran reconocimiento por ella. Nos muestra la frescura de una joven mujer, madre y artista en pleno esplendor físico, que se cepilla su espesa cabellera morena mientras mira confiada al espectador. Se muestra el interior con profundidad de la habitación, anormalmente pequeño pero contribuyendo con ello a la armonía el conjunto. Frente a la mujer, el tocador en el que se encuentran dos velas, cajas, cuentas, alfileres, … queriendo reivindicar con ello un romanticismo “casero”.

Imbuida como estaba en el círculo artístico moscovita,  a la artista le sería ofrecido el encargo de participar en la decoración de la estación Kazanski de Moscú. Zinaída eligió representar temas orientales, representados como figuras femeninas.

La vida tranquila y feliz que llevaba la familia Serebriakova llegaría a su fin con el estallido de la Revolución de Octubre en 1917. Su hacienda fue saqueada y quemada, y el marido caería preso y encarcelado. Poco tiempo después, contraería la enfermedad del tifus que le costó la vida. Pese a su juventud, no se volvería a enamorar, con la muerte de su esposo, se marchó su primer y único amor. También fallecerían otros miembros de la familia o bien emigrarían a Francia. En estas circunstancias Zinaída debería hacerse cargo en exclusiva del mantenimiento de los cuatro hijos del matrimonio y de su madre enferma. De este periodo tiene particular relevancia su obra “Castillo de naipes”, en las que aparecen los cuatro pequeños desarrollando el tradicional juego, sin ocultar el poso de tristeza que les embarga. Qué distinta atmósfera se respira entre este cuadro y en el realizado diez años antes, “En el tocador” … La artista debería cambiar su técnica hacia otras menos costosas, como el carboncillo, para poder conseguir cierto medio de subsistencia. Tras finalizar la Revolución de Octubre, la familia que se encontraba en el apartamento materno en Petrogrado (actual San Petesburgo), se vio obligada a compartir el mismo con otros “camaradas”, según directrices soviéticas. En su caso, sería con miembros del Teatro de Arte de Moscú, lo que acercó a la pintora a los entresijos de la vida teatral, que reproduciría en pasteles expuestos en el Teatro Mariinsky. De todos modos, las autoridades no eran proclives de facilitar el acceso a una pintora de evidente ascendencia aristocrática.

En 1924 recibiría el encargo de realizar un gran mural en París a través de su tío exiliado en aquella ciudad. El proyecto cambiaría su destino y el de su familia, ya que tras finalizarlo, no le sería permitido el retorno a Moscú por considerarla huida de la revolución. Con gran dificultad, pudo traer con ella a los dos hijos menores, pero debería esperar treinta y seis años para volver a ver a la hija mayor, ya convertida en una famosa actriz de teatro, tras conseguir permiso para viajar a París.

Pese a que la residencia en París coincidió con la etapa de vanguardias, la difícil situación económica de la artista no le permitieron desarrollar su creatividad con plenitud, debiendo focalizarse en sacar adelante a su familia en un modesto apartamento parisino.

Su pulsión por aprender y conocer le impulsaron a nuevos viajes, principalmente al norte de África. Seducida por la belleza de los montes Atlas así como por la belleza de sus gentes, realizaría numerosas obras con este motivo, que le darían éxito comercial, aunque nada que ver con el de su primera juventud en Rusia. Realizaría una serie sobre los pescadores bretones.

La Segunda Guerra Mundial rompería la relación epistolar que mantenía con sus hijos en Rusia, debiendo soportar desconocer su situación durante el conflicto. Al poco de restaurarse la paz en Europa, se nacionalizaría francesa.

Años después del Deshielo de Jrushchov, y fruto de un perseverante esfuerzo por parte de sus hijos y amigos del mundo del arte, en convencer a las autoridades rusas de que la obra de de Zinaída Serebriakova fuera expuesta en Rusia, unas doscientas obras de la artista fueron mostradas en Moscú, Leningrado y Kiev. Gracias a ello, Zinaída volvería a pisar suelo ruso a sus ochenta años, a modo de despedida de su querida tierra natal. Regresaría a París, donde fallecería dos años más tarde. Los restos de la artista, descansan en el cementerio ruso Sainte-Geneviève-des-Bois de París.

La obra de Zinaída Serebriakova puede ser disfrutada hoy en día en diversos museos rusos, si bien la mayor parte de sus cuadros se encuentran en Francia. 

María Gonzaga

31 de julio de 2019

Biografía consultada:

"Masterpieces of the State Tretyakov Gallery".