"Eugène Manet y su hija en el jardín", 1883. Berthe Morisot, la chica rebelde del impresionismo.

Óleo sobre lienzo. 60 x 73 cms.

Colección privada.
Berthe Morisot (Bourges, Francia, 1841 – París, Francia, 1895)

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Nos encontramos ante un retrato de Eugène Manet, hermano del famoso pintor Édouard junto a su hija Julie, realizado por su recién esposa, Berthe Morisot. Sorprende el trazo taquigráfico con el que es representada, en una escena inundada de luz con gran armonía cromática. La pequeña juega sobre las rodillas de su padre, que descansa en un banco del parque próximo a la casa familiar en Bougival. Un detenido examen del cuadro nos sorprende ante la escasez de detalles en el abrigo del padre frente a la prolífica información para la representación de la niña y los setos detrás de ellos. No es fruto de desinterés, al contrario, focaliza nuestra atención donde la artista considera que debe estar. Por detalles de este tipo, fue acusada por la corriente tradicional de dejar inacabados los cuadros, sin considerar que en ocasiones, menos es más. 

Berthe Morisot nación a mitad del s. XIX en la localidad de Bourges, situada en el centro geográfico exacto de Francia, región Centro-Valle de Loira. Sus padres estaban vinculados al mundo de la administración pública, lo que exigió que la familia, de un total de cuatro hijos, se fuera mudando en función de los diversos lugares a los que era destinado el progenitor. El último destino sería París, ciudad en la que transcurriría el resto de la vida de nuestra protagonista. La desahogada posición económica de la familia, así como sus intereses culturales, facilitaron que los pequeños accedieran a clases de música y artes. Tanto Berthe como su hermana Edna, pronto destacaron en su formación artística, algo de lo que fueron advertidos o “precavidos” sus padres en carta, de la que se extracta lo siguiente: “¿Está segura de que no llegará a lamentar el día en que permitió que el arte entrara en su casa, hoy un hogar respetable y apacible? ¿Se da cuenta de que el arte puede llegar a regir el destino de sus dos hijas?”. Subyugadas ambas hermanas por la pintura, completaron su formación como copistas de grandes maestros del Louvre.

Las hermanas tuvieron la oportunidad de ser alumnas del paisajista Camile Corot, miembro de la famosa Escuela de Barbizon. El maestro influyó fuertemente en la obra de las hermanas Morisot en cuanto al control del color como forma de expresión y la pintura al aire libre. La relación alumnas-profesor devino en amistad, por lo que eran invitadas por Corot para trabajar junto a él en su casa de verano.

Con apenas veintitrés años, Berthe participó en su primer Salón de París, la primera de muchas más exitosas exposiciones a lo largo de su vida. Por el contrario, el castillo de naipes que era la carrera artística de su hermana Edna, se desplomó cuando contrajo matrimonio.

En una visita al Louvre, conoció al pintor Eduard Manet, con quien inició una amistad que le permitiría integrarse en el movimiento impresionista que arrancaba en aquel momento. A través de Manet, Berthe participó en las tertulias artísticas en la casa del maestro, lo que le permitió conocer entre otros, a Charles Baudelaire Edgar Degas y Zacharie Astruc. Son conocidas las charlas de los cafés parisinos, pero debemos recordar que su acceso estaba vetado a mujeres. Además de granjearse respeto de sus colegas masculinos por su destreza técnica e inteligencia, Berthe fue modelo de Manet, como en el famoso retrato que le realizó el artista en 1870. Las malas y machistas lenguas tildarían a la joven pintora como feme fatal, pero lo cierto es que ella posaba junto a su madre.

El estallido de la guerra franco-prusiana sumió a Francia en el hambre, recrudecido con la llegada del invierno. La delicada salud de Berthe le llevó a mudarse junto a su hermana Edna en Normandía. En la casa familiar, Berthe retomaría la pintura realizando numerosos retratos a sus sobrinos. Captó la placidez de la felicidad casera en las pequeñas cosas, no exenta de la atmósfera psicológica de los representados. Cabe destacar la obra “La cuna” de 1872 (actualmente en el Museo de Orsay, París), en la que se constata la maestría técnica en el dominio del blanco. En ella, muestra a Edna contemplando embelesada a la pequeña Blanche que duerme en su cuna. Una escena intimista de amor protector en estado puro. Mediante una secuencia incansable de veladuras en tonos blancos, la artista logra representar el dosel que cubre la cuna, transparentando el rostro de la pequeña.

En las obras directas de la naturaleza, su pincelada bailoteaba en trazos cortos y rápidos captando espontáneamente la luz, afianzando un personal estilo.

Tras la finalización de la guerra, Berthe regresó a París, considerando participar nuevamente en el Salón de París. No le fue posible, como tampoco a Camille Pissarro y Alfred Sisley. Lejos de abandonar, los tres artistas junto a otros tan renombrados como Edgar Degas, crearon la Sociedad Anónima de Pintores, Escultores y Grabadores, promoviendo sus propias exposiciones. Dicho lo cual, debemos admitir que los prejuicios sobre las mujeres de la crítica de la época, hacían que no se diera excesiva importancia a la obra de Morisot.

La artista se casaría con Eugène Manet, también pintor pero sin la trascendencia de su famoso hermano. Eugène apoyaría a Berthe en que prosiguiera pintando tras su matrimonio, algo que no cambió cuando nació la única hija del matrimonio, Julie Manet. La pequeña fue improvisada modelo de Auguste Renoir, pero también lo sería de su madre, que la retrató de todas las formas imaginables desde la infancia hasta la adolescencia, en diversas posturas y ubicaciones, sola, con su padre, con su gato, jugando, leyendo, … Julie no anuló la carrera artística de su madre, pero sí modificó su forma de pintar, convirtiéndose en su principal musa.

Berthe logró exponer no solo en París, sino también en Bruselas, Londres y Nueva York, donde cosechó un rotundo éxito antes de fallecer tempranamente, a los cincuenta y cuatro años, por problema pulmonar. Sus restos descansan junto a los de su marido y su cuñado Édouard en el cementerio de Passy en París.

Poco tiempo tras su muerte, diversos amigos de la artista, entre los que se citan a Degar, Renoir y Monet, promovieron una exposición en París con buena parte de su obra, muestra de su respeto a una pintora que rompió con la tradición, y que es considerada por muchos como “la gran dama de la pintura”. Frente a las consideraciones negativas por representar escenas cotidianas y familiares, tan solo cabe indicar que Morisot unió el arte con la vida.

Julie Manet quedó huérfana de madre y padre con diecisiete años, siendo tutelada hasta su madurez por el poeta Stéphane Mallarme y protegida por el ilustre círculo de amistades de sus padres. Residiría temporadas en las casas de Auguste Renoir y Claude Monet, Degas la llevaría de visita al museo del Louvre y llegó a acudir a colegios, teniendo en cambio tutores privados a domicilio, que la ilustraron en arte y música. Desde los catorce a los veinte años, Julie redactó un diario que se convertiría en un libro fundamental para entender la corriente artística más importante del s. XIX, “Creciendo con los impresionistas”. Al contrario de su madre, Julie sí tendría una larga vida, viviendo hasta los 87 años de edad.

María Gonzaga

15 de agosto de 2019 

Biografía consultada:

“Berthe Morisot”. Ed. Flammarion. Jean-Dominique Rey y Sylvie Patry.

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