Gala Dalí, la mujer ante el hombre.

Gala Éluard Dalí (Kazán, Rusia, 1894- Portlligat, Gerona, España, 1982).

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Elena Ivanovna Diakonova nació en la ciudad tártara de Kazán. Su madre, de origen burgués, procedía de Siberia. Apenas se encuentran vestigios del paso de la familia por dicha ciudad, ya que pronto se trasladaron a Moscú. Elena era la segunda de cuatro hermanos, que muy pronto perdieron al padre, funcionario de la Administración rusa. Su madre contrajo segundas nupcias con un abogado, que proporcionó no solo respaldo económico, sino también cultural. Inculcó el amor de los pequeños a la lectura, leyéndoles grandes clásicos, como Dostoievski y Tosltói. La brillantez académica de Elena, consiguió convertirla en la favorita de su padrastro y su hermano mayor. Malas lenguas podrían considerar como semi-incestuosa la relación entre ellos, si bien solo cabe entender sobre protección de Elena ante los pretendientes que comenzaron a surgirle en la adolescencia.

Elena pasaba las tardes en la casa de su amiga Anastasia, hermana de la poeta Marina Tsvietáieva. Decía escuchar embelesada a Marina, como si estuviera bebiendo “de las fuentes de la vida”. El padre de Marina, fundó el espectacular Museo Puskin de Moscú, de forma que la vertiente artística de la que se alimentó Elena, no solo fue literaria, sino también pictórica.
En 1912, Elena enfermó gravemente por una afección pulmonar, por lo que fue enviada sola al sanatorio de Clavadel en Davos (Suiza). En aquel lugar, conoció a varios poetas consagrados y a otros, como Eugène Grindel, que aún no sabía que lo era. La pasión por la literatura les unió, y esa inicial amistad derivó en enamoramiento. Al contrario que la familia de Elena, la de Eugène no le respaldaba a dedicarse a la literatura. Elena creyó en él y le motivó a escribir. Sus poemas comenzaron a ser firmados con el pseudónimo de Paul Elouard. Pasados dos años de internamiento médico, Elena fue dada de alta, si bien las secuelas de la tuberculosis, físicas y psicológicas, le acompañaron toda su vida en mayor o menor medida. Aprendió joven la lección de lo frágil que puede ser la vida, y decidió no comulgar con la máxima rusa “alma, destino y angustia”, cambiando el sufrimiento por el hedonismo.

De regreso a Moscú, comenzó una intensa relación epistolar entre Elena y Paul, pues la distancia no menguó los sentimientos mutuos. Elena consiguió aprobar el examen que la habilitaba para ejercer como profesora. A pesar de ello, renunció a las comodidades que tenía en su país, y en un gesto de enorme determinación y valentía, atravesó sin más compañía que la de una simple maleta, la Europa en guerra de 1916. Ese trayecto, no solo implicó un cambio de idioma del ruso al francés, también transformó a Elena en Gala. Una vez en Francia, se alojó en la familia de su prometido, que había sido llamado a filas. A la vuelta del frente, en 1917, ambos se casan y apenas un año más tarde nace Cécile, la única hija del matrimonio. Para Elena, fue una decepción el alumbramiento de una niña, ya que ella deseaba tener una varón, para el que tenía reservado el nombre de Pierre, por similitud al de Paul. La atención hacia la niña no excedía de las atenciones físicas básicas, y aunque la relación con su suegra no era excelente, no tenía inconveniente en dejarle a la niña cuando era posible. No se avergonzaba de no sentir la maternidad tal y como se supone que ha de sentirse.

La relación conyugal estaba abierta a tener amantes una y otro, y por ello, Gala tuvo relaciones entre otros, con el pintor Giorgio de Chirico. Paul fue invitado a Colonia por el pintor Marx Ernst, y de ese encuentro comenzó un affair entre Gala y Ernst, conocido y aprobado por Paul. La atracción física derivó en enamoramiento en Gala, lo que le hacía "enloquecer”, lloraba, gritaba, … No podía sobrellevar estar enamorada de dos hombres al mismo tiempo. El matrimonio regresó a Paris acompañados por Ernst, quien se encargó de pintar los techos del palacete en el que vivían.
La sensibilidad extrema de Paul le llevó a padecer una depresión, y se marchó a Vietnam. Pasados varios meses sin regresar, Gala y Ernst acudieron a buscarlo. En Asia se produjo la ruptura de esa relación extramatrimonial, y Gala y Paul regresaron a Paris.

Habituales en los círculos literarios y pictóricos, el matrimonio fue invitado por René Magritte a pasar unas vacaciones en Cadaqués, pequeña localidad pesquera en la Costa Brava de Gerona. El propósito era ver de nuevo a Salvador Dalí, con quien Magritte y Paul habían coincidido en Paris, cuando el español acudió junto a Luis Buñuel a presentar la película “El perro andaluz”. En Paris, Dalí no conoció a Gala, aunque Paul le había mostrado una fotografía de ella desnuda. Gala contaba en ese momento con 35 años, diez más que Dalí. De complexión pequeña, ojos audaces e interesante conversación, enamoró a Dalí. Ella quedó seducida por la locura clarividente del español. De nuevo, Gala renuncio a una vida de comodidades en Paris, por quedarse a vivir en la barraca de apenas 20 metros cuadrados, sin agua corriente y luz eléctrica en la que vivía Dalí. Paul regresó con la hija de ambos a Paris, y su relación continuó a través de carta hasta la muerte de él. La experiencia y mayor cultura, convirtieron a Gala en la agente comercial, hermana, madre y amante de Dalí. De su relación con Giorgio de Chirico, Gala aprendió técnica lo que también le permitió asesorar a Dalí. Al igual que hiciera con Paul, creyó en Dalí, lo impulsó y engrandeció. La simbiosis entre ambos, con “su gemela” como le gustaba referirse a ella, llevó al pintor a firmar como “Gala Salvador Dalí”. . No todo fue positivo, ya que en la España de los años 30, no se vio con buenos ojos la relación con una mujer separada, con una hija de la que se había alejado, rusa, … El gesto de Dalí en una exposición en Paris, donde escribió “a veces escupo por placer sobre el retrato de mi madre”, fallecida cuando él contaba 16 años, no ayudó a mejorar las cosas, y el padre decidió desheredarlo, lanzándole la maldición de que moriría pobre. Contra viento y marea, Dalí y Gala se casan en 1932, y emprenden viaje a Estados Unidos, donde encontrar el dinero que comprara sus cuadros. "Ávida Dollars" le llamaba Andre Bretón por su desmesurado interés en el enriquecimiento económico. La excentricidad de Dalí le hacía acaparar atención al otro lado del Atlántico, y engrandeció su ego hasta hacerle hablar de sí mismo en tercera persona. Podría considerarse que ese engreimiento y afán por ganar más y más dinero, coartaron su crecimiento artístico, pues pasó a copiarse a sí mismo.

Tras ocho años de residencia en América, regresan a la España, donde comenzaron a hacer guiños a los jerarcas franquistas, para conseguir su respaldo y mayores ventas.
Sin demasiado éxito, el pintor intentó restablecer la relación con su familia, ya que la obsesión de Dalí con Gala no lo hacía posible. La pintaba, casi compulsivamente de frente, de lado, de espaldas, vestida, desnuda, incluso entre chuletas …

A la muerte de Paul en 1958, Gala y Dalí se casan por la iglesia en Gerona, y el pintor le regala el castillo de Púbol en la localidad de Port Lligat. Ella lo aceptó con una condición: él no podría acudir al mismo salvo que mediara invitación por su parte. Ello lleva a recordar la idea de “una habitación propia” que pedía Virginia Woolf, donde ser una misma y crear sin tapujos. El castillo albergó una extensa biblioteca de grandes clásicos rusos escritos de dicho idioma, como para recalcar que solo ella podía leerlos. También allí se encontraron numerosas notas que permitieron intentar desvelar la personalidad de esta mujer.

Le preocupaba el efecto del paso del tiempo sobre su piel, lo que la llevaba a probar numerosos tratamientos de estética. Su enorme sensualidad, le llevaron a tener amantes hasta casi la recta final de su vida. Mantuvo también su afición al casino. Estas actividades, implicaron fuertes desembolsos de dinero, lo que no era bien aceptado por Dalí, que siempre mantuvo presente la maldición de su padre, sobre que acabaría en la miseria.

El pintor enfermó de parkinson, no obstante, fue Gala quien falleció primero, a los 88 años, al entrar en coma tras una operación de cadera en 1982. Su cuerpo fue embalsamado y enterrado en el castillo que la albergó sus últimos años de vida, llevando el vestido largo y rojo de Dior que tanto le gustaba. Lejos de aceptar la pérdida de su amada, Dalí pasó a residir en el castillo de Púbol, entrando en una profunda depresión. Tras un severo incendio en el castillo, el pintor pasó a residir en el torre Galatea de su Museo en Figueras. Allí se abandonó, pues no deseaba vivir más, teniendo que ser ingresado aquejado de desnutrición.

Aunque para el final de ambos habían sido construidas dos tumbas en Púbol, con sendos orificios para que ambos pudieran “entrelazar sus manos”, cuando falleció el artista en 1989, sus restos fueron depositados por decisión propia en su Teatro Museo.

Culta, decidida, esotérica como manda la tradición rusa, sensual, tenebrosa, silenciosa hasta casi la opacidad, apasionada, dura y frágil al tiempo y muy selectiva con las personas, así era Gala. Sin hipocresía alguna, podía ser simpática y agradable o fría, altiva y distante. Las misoginia y machismo siempre imperante, la tildaron de avara, manipuladora, infiel e interesada. ¿Se juzga igual a un hombre cuando es seguro de sí mismo y busca sin complejos lo que desea? Lo poliédrico de esta personalidad arrolladora, hace que muchas personas no fueran capaz de aprehenderla en todas las aristas, resultando más sencillo reducirla a una sola. A lo largo de su vida se sintió “intrusa” en el círculo de otros: en el colegio junto a niñas ricas, en el sanatorio suizo donde era la única mujer, en la familia de Paul Eluard, en la familia y con los amigos de Dalí, en una sociedad española constreñida por el franquismo, … No obstante, demostró que esa adversidad, lejos de amedrentarla, la hicieron crecer. Porque ¿fue musa o impulsora de la genialidad de sus maridos? Probablemente ambos.

María Gonzaga
10 de noviembre de 2018


Bibliografía:

 “La intrusa” (Monika Zgusova, Ed. Galaxia Guttemberg).
Película “Gala” (Silvia Munt).