Hilma af Klin, la pintora en secreto.

Con veinte años, la joven sueca Hilma af Klin ingresa en la Real Academia de Bellas Artes de Estocolmo, por un periodo de cinco años. El buen expediente con el que finalizó estudios, le hizo merecedora de poder disponer gratuitamente de un estudio en el centro artístico de Estocolmo. Sus trabajos iniciales trataban sobre retratos y paisajes, alimentando su conocimiento del Arte con las diversas exposiciones que albergaba la capital sueca. En concreto, la monográfica sobre la obra de Edvard Munch despertó en Hilda una forma de expresión simbólica y esquemática.

El luctuoso hecho de la pérdida de su hermana a la edad de diez años, marcó el resto de su vida y le hizo creer en la existencia de espíritus. Le interesó la psicoterapia y el psicoanálisis, por aquel tiempo impulsado por un joven Sigmund Freud. Hilda formó el grupo autodenominado Las Cinco junto a cuatro amigas, con quienes se reunía la tarde de los viernes para realizar prácticas de espiritismo. Creían entrar en un estado de médium, que les permitía la escritura y dibujo automático, como dictado por fuerzas ajenas a ellas. En dicho trance realizó “Los cuadros para el templo”, una serie de obras abstractas que mantuvo en secreto, ya que intuía que no serían comprendidas por pretender representar lo invisible, sin escalas de tiempo. Con gran base técnica, desarrolló una pintura abstracta expresionista. Pretendía mostrar como el Universo en su conjunto funciona en obras de gran formato.

Su interés por ciencias ocultas, le permitió llegar a conocer a Rudolf Steiner, fundador de la Antroposofía y secretario de la Sociedad Teosófica. A él si le mostró su obra, y le aconsejó mantenerla oculta al menos durante cincuenta años.

La necesidad de atender a su madre ciega, le obliga a apartarse de los pinceles durante cuatro años. Lo retomaría progresando en la producción de Los cuadros para el templo, según indicaba, bajo la dirección de los espíritus, durante tres años más. Un total de once años dedicó a este proyecto, desarrollando un total 193 lienzos.

Fue llamada a participar en la Exposición Báltica de Malmö, seleccionando para la muestra sus obras naturalistas. En dicha exposición, participaría Kandinski, reconocido seguidor de la teosofía.

Comienza para Hilda una nueva producción, basada en la geometría abstracta, como “Parsifal” y “Átomo”. La muerte de su madre le incita a un nuevo derrotero en su obra, comenzando las pinturas sobre las grandes religiones del mundo.

En su interés por profundizar el conocimiento en antroposofía, viajará a Suiza, para atender las conferencias de Rudolf Steiner. Sería una estancia decisiva en su vida, que le llevaría a relegar la práctica de la pintura para dedicarse al estudio de la literatura antroposófica hasta el final de sus días.

Falleció días antes de cuando habría cumplido ochenta y dos años por un accidente. Casualmente, en el mismo año en el que fallecieron Kandinski, Munch y Mondrian, también seguidores de la antroposofía, aunque no lograron ellos ser entrevistados con Rudolf Steiner. Sin duda, ellos se granjearon el éxito y reconocimiento que no llegó a osar Hilma af Klin, si bien su técnica fue previa a la de sus colegas masculinos.

Su legado, más de mil obras y diversos escritos, fueron mostrados al público transcurridos los veinte años de su fallecimiento, como fue su deseo.

El Museo Guggenheim de Nueva York albergó en 2019 una multitudinaria exposición retrospectiva de la artista, titulada “Pinturas para el futuro”, el futuro que supo ver Hilda af Klin a finales del siglo XIX. 

María Gonzaga

14 de marzo de 2020

Bibliografía consultada:

Guía “Moderna Museet de Estocolmo”.

Exposición Museo Guggenheim de Nueva York.