Ilusiones ópticas del Arte IV. "Galatea de las Esferas", 1952. Salvador Dalí.

Óleo sobre lienzo 65 * 54 cm.

Salvador Dalí i Domènech (Figueras, España, 1904 – 1989)

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En la obra que tenemos frente a nosotros encontramos el busto de Gala Dalí, esposa y musa del genio creador Salvador Dalí, descompuesta en múltiples esferas sostenidas sobre el espacio, a modo de partículas atómicas. El artista la tituló como Galatea, en homenaje al personaje mitológico creado por su amado Pigmalión. Al artista catalán le interesaba profundamente la creación artística bajo las leyes de la ciencia. En esta obra, manifiesta su particular interés por la física nuclear, obsesionado como estaba tras la explosión de la primera bomba atómica en 1945. La obra se expone en el Teatro-Museo Dalí en Figueras, sostenida en el caballete del pintor francés Jean-Louis-Ernest Meissonier, tal como deseaba el artista.

Este concepto de fragmentación ya lo empleó con anterioridad, como en su famosa obra “Madonna de Port Lligat” (1950), actualmente en la Colección Grupo Minami de Tokio, en la que representa una Virgen entronizada, con el rostro de Gala y al niño Jesús. Tanto en el tórax de la mujer como en el de su hijo, aparece una abertura rectangular, ocupada por un pan en el caso del niño. El trono se encuentra fragmentado y sobre la cabeza de María, aparece un arco flotante partido en dos. No escasea el surrealismo simbólico, como la concha que aparece sobre la cabeza de la mujer, de la que pende un hilo con un huevo como símbolo de la vida, varias esferas, un trozo de carne cruda, un caracol marino o un cesto de pan. Al artista le atraía la forma de conectar ciencia y fe, y llegó a solicitar audiencia con el papa Pio XII. Una réplica de esta Madonna, le fue regalada al pontífice.

Podemos encontrar otros múltiples ejemplos de desafíos artísticos de la ley de la gravedad por parte de Dalí además de los dos anteriores. Por comentar en este sentido una última la obra “Leda Atómica” (1959). En ella representa el mito de la seducción de Leda, bajo el rostro de Gala, por parte del Dios Zeus, transformado en cisne. Todos los elementos sin tocarse. Los pies de la mujer parecen posarse, sin llegar a hacerlo, en sendos pedestales. El animal contorsiona su largo cuello en torno a Leda, que parece acariciarlo sin llegar a poner su mano sobre él. Incluso flota el mar de fondo sin entrar en contacto con la arena.

Dalí empleó en sus obras el concepto matemático de la proporción áurea, que conoció de primera mano del matemático y filósofo rumano Matila Ghyka en una de sus estancias en Estados Unidos en los años cuarenta del siglo XX. Esta sucesión numérica y geométrica, la explico en mi artículo “La proporción áurea y la sucesión de Fibonacci”, en este mismo blog.

Dalí crea un misticismo nuclear, en el que confluyen ciencia y arte con naturalidad y elegancia, convencido como estaba de que las matemáticas juegan un papel determinante en su desarrollo artístico.

María Gonzaga

9 de mayo de 2020

“Dalí. La obra pictórica”. Robert Descharnes y Gilles Néret. Ed. Taschen.

“Vida secreta de Salvador Dalí“. Ed. Antártida.