Ilusiones ópticas en el Arte III. Todo es Vanidad (1892), Charles Allan Gilbert.

Tinta, 23,5 * 17 cm.

Charles Allan Gilbert (Connecticut, Estados Unidos, 1873 – Nueva York, Estados Unidos, 1929).

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Si nos aproximamos a la obra, encontramos una mujer vestida con estilo victoriano y peinada con un elegante moño. Se encuentra sentada frente a su tocador, provisto de numerosos productos de belleza y un gran espejo en el que se mira complacida. Si nos alejamos, tenemos una visión muy distinta, ya que aparece ante nosotros una calavera. El gran espejo circular, la espalda de la mujer y su vestido, configuran la forma del cráneo. El moño y su reflejo en el espejo, forman la cuenca de los ojos, mientras que los ungüentos y brazos representan los dientes, que parecen dibujar una maquiavélica sonrisa. El autor parece decirnos que por mucho que nos empeñemos en paralizar el paso del tiempo, la muerte siempre acaba llegando. La vida, la juventud y la belleza son fútiles. Quizá ha querido reforzar esta metáfora con la vela que posa sobre el tocador, condenada a extinguirse con el paso del tiempo.

En palabras del Predicador, hijo de David, rey de Jerusalén, “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”. Así lo indica en el Eclesiastés, libro del Antiguo Testamento de la Biblia, que parecería haber leído Charles Allan Gilbert antes de realizar esta obra con apenas diecinueve años, siendo estudiante de Arte.  La imagen causó tal admiración, que la revista Life la publicó en 1902. Su impacto ha llegado hasta la actualidad, por lo que esta imagen ha servido de señuelo publicitario, como el empleado por Dior, para su perfume Poisson, o bien como portada del álbum Retro Active de la banda de rock británica Def Leppard.

Charles Allan Gilbert nació en Connecticut, en 1873. Si bien no están claras las causas, parece que fue declarado inválido en la infancia. Durante los periodos de reclusión en casa, empleó el dibujo como medio de distracción. Con dieciséis años, comenzó a estudiar Arte con Charles Noel Flagg, el reconocido pintor de retratos de la ciudad. Dos años más tarde viajaría a Paris, para recibir clases de pintura. Regresó para instalarse en Nueva York, donde comenzaría una exitosa carrera como ilustrador de libros y reportajes de revistas y colaborador en películas de animación. Pese a su activa producción artística, ha pasado a la posteridad por la obra de juventud “Todo es vanidad” que hemos comentado. No tuvo una vida larga, ya que falleció con cincuenta y cinco años a causa de una neumonía.

María Gonzaga

9 de mayo de 2020