Ilusiones ópticas en el Arte VIII. "Serpientes", 1969. M.C. Escher.

Xilografía a fibra en naranja, verde y negro, impresa a partir de tres planchas. 49,8 x 44,7 cm.

Maurits Cornelis Escher (Leeuwarden, Paises Bajos, 1898 - Hilversum, Paises Bajos 1972)

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“Serpientes“ es la última obra de M.C. Escher, realizada entre una operación quirúrgica y la siguiente al final de su vida. En ella el artista dibuja un intrincado laberinto de anillos metálicos, que parecen extenderse hasta el infinito tanto si se mira hacia el interior como si lo hacemos hacia el exterior, según el modelo matemático de Coxeter. De entre los anillos, surgen serpientes tridimensionales. Al igual que hiciera para anteriores trabajos, Escher empleó una lupa para lograr representar hasta los más minuciosos detalles. La obra guarda una perfecta simetría rotacional.

M.C. Escher es uno de los máximos representantes del Op-Art. Como tal se entiende el arte óptico que persigue la participación activa del espectador de la obra desplazándose para lograr entender el efecto óptico de la obra. Carece de toda consideración emocial, ya que se basa exclusivamente en la ciencia y la matemática, a través de líneas y/o efectos cromáticos.

El pequeño Cornelis creció en la localidad de Leeuwarden, en los Paises Bajos. Resultó ser un mal estudiante, salvo en lo relativo a las clases de dibujo. Pronto comenzó a recibir clases particulares de dibujo y de grabado en linóleo. Con más de treinta años comenzó a estudiar en la Escuela de Arquitectura, pero acabó dejando los estudios. Eso sí, continuó aprendiendo el oficio de la xilografía. En busca de un clima más benevolente que el de los Paises Bajos, se mudó a Roma, donde residió una larga temporada. En Italia conoció a la que se convertiría en su esposa, con la que haría numerosos viajes por el país descubriendo las maravillas de la arquitectura italiana. Viajó a España, donde descubrió la Mezquita de Córdoba y la Alhambra de Granada, que estudió minuciosamente. La convulsa situación política de Italia, próxima a la II Guerra Mundial, le hizo cambiar de residencia a Suiza. Es a partir de ese momento cuando comienza a vender su obra, obteniendo su primera fuente de ingreso propia, ya que hasta ese momento, vivió de la ayuda económica que le enviaba su padre. En 1970 realiza su último cambio de residencia a Laren, en su Holanda natal. Presintiendo que el final de su vida estaba cerca, destruyó la mayor parte de sus planchas, para asegurarse de que no pudieran realizarse más copias de sus trabajos que las que él mismo había realizado. Falleció con ochenta y cuatro años, manteniendo su habilidad artística intacta.

Al ser preguntado sobre su fuente de inspiración, respondía “yo no utilizo drogas, mis sueños ya son suficientemente horribles”. No cabe atribuir a la obra de Escher intención psicológica alguna, tal como el propio artista reconocía. Mencionar la siguiente anéctoda de boca del propio Escher:

Un día me llamó una señora por teléfono y me dijo lo siguiente: “Sr. Escher, estoy fascinada por su obra. En Reptiles ha expuesto usted de modo irrebatible la idea de la reencarnación”. Yo le respondí: “Señora, si usted lo dice, debe ser verdad”.

Un estudio cronológico de su obra permite identificar diversas etapas, a saber, la paisajística (1922 – 1937), la de las metamorfosis (1937 – 1945), la de la perspectiva (1946 – 1956) y la de la aproximación al infinito hasta el final de sus días, dentro de la cual se encuentra la obra “Serpientes” que hemos comentado.

Icónicas son también sus obras de metamorfosis, como “Día y noche” (1939), en la que un bello patrón de aves blancas vuelan hacia la derecha. Los huecos que dejan entre una y otra representan la misma forma de ave, esta vez sombreado en negro, representando la noche. Una fascinante dualidad día-noche en una misma imagen. Comentar también la obra “Manos dibujando” (1949), en la que parecen surgir del papel sendas manos que se dibujan la una a la otra.

De la etapa perspectividas, entre otras muchas obras, podemos destacar la obra “Relatividad”. En ella el artista ofrece un espacio en varias alturas conectadas con siete escaleras imposibles, jugando a placer con los puntos de vista. En la parte superior de la composición, observamos uno de los habitantes de ese mundo baja las escaleras y muy próximo a él, otro personaje baja otra escalera aunque en posición horizontal, eliminando la gravedad de un plumazo. Confunde nuestra percepción sobre donde nos encontramos como espectador, porque podemos sentirnos en la parte superior de la composición, pero también encaja sentirnos bajo ella. Sentimos que no existe o bien que coexiste la sensación de arriba-abajo, dentro-fuera, izquierda-derecha. ¿No será un mensaje del artista sobre que no existe una única realidad, ya que esta depende desde el punto que se la mire?

Escher, el genio creador de mundos fascinantes y fantasiosos en blanco y negro, a través de ilusiones ópticas mediante el juego de la geometría, realizó más de 400 litografías y grabados en madera. Su obra fue vendida masivamente tras su fallecimiento, y se encuentra diseminada por medio mundo. Eso sí, cuenta con exposición permanente en el Museo Escher de La Haya, Holanda. Hoy en día no es infrecuente encontrar la obra de Escher en merchandising, tal como pósters, camisetas o cuadros.

María Gonzaga

9 de mayo de 2020

Bibliografía consultada:

“El espejo mágico de M.C. Escher”. Bruno Ernst. Ed. Taschen.