"Invierno", 1896. Alphone Mucha, personificando conceptos.

Colección privada.

Alphonse Mucha (Ivancice,Moravia, Protectorado del Imperio Austriaco, 1860 – Praga, Protectorado de Bohemia y Moravia, 1939).

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Las Estaciones fueron el primer encargo que el artista Aphonse Mucha realizó para Ferdinand Champenois, su primer ilustrador. Con ellas, ambos pretendían hacer accesible el arte para el público en general, tanto por el abaratamiento del coste de las obras, como al hacer estas en menor formato. “Invierno”, al igual que sus tres hermanas, “Primavera”, “Verano” y “Otoño”, se representan mediante mujeres. Pero no es una excepción en la obra de Mucha personificar ciertos conceptos mediante figuras humanas envueltas en atractivos fondos, como por ejemplo también hiciera en “Mañana”, “Tarde”, “Día” y “Noche”.

En “Invierno”, una retraida figura congelada mira con recelo hacia un lado. La estilización y vestimenta nos retrotraen a las diosas del arte clásico, pero también observamos influjo del arte oriental en el cerezo en flor cubierto de nieve, tan característico de Japón en los días de invierno. Una de las ramas aparece en primer plano y sobre ella se posan tres pájaros que observan a la mujer. Esta parece sostener un cuarto pájaro entre sus manos para calentarse. De esta forma, el artista plasma la belleza y al tiempo, la crudeza, del ciclo de la vida.

Mucha nació en la localidad de Ivančice, sujeta al protectorado del Imperio Austriaco. Desde niño, mostró dotes para el arte, tanto en el dibujo como en el canto. Gracias a su voz, tuvo posibilidad de continuar su formación secundaria en Brno, capital de Moravia. Pronto comenzó a trabajar como pintor de escenarios teatrales, primeramente en Brno y poco después en Viena. Tras el incendio que destruyó el teatro en el que trabajaba, regresó a Brno, donde se ganaría la vida como pintor paisajista y retratista. Su valía le hizo conocer al conde Karton Khuenta de Mikulov para decorar uno de sus castillos. Tan satisfecho quedó, que decidió ejercer de mecenas del joven pintor para que pudiera perfeccionar su formación en la Academia de Bellas Artes de Múnich. Tras Múnich, iría a París para profundizar el aprendizaje en varias prestigiosas academias. Compaginaría su formación con su trabajo como ilustrador de carteles publicitarios que se exhibían por las calles de la capital francesa. En el París de la Belle Époque que organizaba la Gran Exposición Universal de 1900, pronto obtuvo un fulgurante éxito. Consiguió un contrato de exclusividad para cartelería con la actriz Sarah Bernhardt y otro con el Théâtre de la Renaissance para el diseño de la escenografía y el vestuario de las diversas representaciones. Aunque con el epicentro en París, su fama se extendió hasta Estados Unidos. Allí también trabajaría como ilustrador y decorador de representaciones teatrales. Su filosofía masónica, le hizo formar parte de la logia parisina del Gran Oriente de Francia, realizando para esta organización diversas cartas, joyas y cálices ceremoniales. También en Checoslovaquia ejercería un papel significativo en la masonería como Gran Maestro.

Artista versátil y prolífico, su obra la forman numerosas pinturas, litografías, carteles decorados teatrales, ilustración de libros, diseño de mobiliario, vallijas e interiores, todo ello bajo el estilo Art Nouveau, corriente artística que acaparó la Europa del cambio de siglo. Hay quienes incluso hablan del “estilo Mucha”, con reminiscencias bizantinas, influencias japonistas (fundamentalmente Hokusai) y simbolismo espiritual y filosófico. En ellos proliferan jovenes mujeres de idealizada belleza, ataviadas con vestidos de inspiración clásica, rodeadas de flores y en ocasiones tocadas por un halo de luz en su cabeza. Las joyas con que las engalanaba, captaron el interés del joyero parisino George Fouquet, quien lo contrató para diseñar varios de sus modelos. Pero no solo ejerció un arte preciosista como veíamos en el lienzo “Mujer en páramo” con la que el pintor mostraba su decidido ideario político. También realizó una serie de veinte obras como tributo a la historia de los pueblos eslavos (zona del Este de Europa, exceptuando Rumanía, Albania, Grecia, Hungría). Con el nombre de “La épica eslava”, el artista realizó un conjunto monumental de lienzos (el más grande mide 8,10 * 6,10 metros) entre 1918 y 1920, bajo la técnica de pintura al temple con huevo y aceite. Mucha regaló las obras a su patria, con la condición de que se construyera un pabellón específico para mostrarlas. La flexibilidad con que se prepararon los caballetes, permitieron que se pudieran adaptar a las distintas localizaciones que les han dado cobijo, y actualmente se pueden visitar en la Galería Nacional de Praga.

Como firme defensor de la autonomía checa, regresó a Praga tras conseguir Checoslovaquia la independencia tras la Primera Guerra Mundial. El patriota Mucha, compaginaría su producción artística con encargos del Nuevo Gobierno, que le solicitaría ilustrar los billetes de banco, sellos,  postales, escudos de armas y las bellísimas vidrieras de la Catedral de San Vito en el Castillo de Praga.

Pero la independencia del Chequia no duraría demasiado tiempo, al ser nuevamente invadido por los alemanes. Sus lazos con el Gobierno y lo que los Nazis consideraron “dudosa moral”, hicieron que fuera perseguido, arrestado e interrogado. Duro golpe para Mucha ver Checoslovaquia nuevamente vencida. El pintor fallecería poco después a causa de una neumonía.

María Gonzaga

26 de diciembre de 2020

Bibliografía consultada:

"Alphonse Mucha". Agnes Husslein-Arco, Jean-Louis Gaillemin. Ed. Prestel.