"Jeanne Hébuterne sentada ante puerta", 1919. Amadeo Modigliani, príncipe de las tinieblas.

Óleo sobre lienzo. 130 × 81 cm.

Colección privada, Los Ángeles.

Amedeo Modigliani (Livorno, 1884 - París, 1920)

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Amadeo Clemente Modigliani nace en Livorno en 1884, ciudad al norte de Italia que se convirtió en centro de acogida de perseguidos de la religión sefardí. Su madre, francesa de origen marsellés, disponía de formación, pues no en vano era descendiente lejana del filósofo holandés Spinoza. El padre, nacido en Roma, trabajaba como prestamista. La falta de tino en seleccionar a los clientes a quienes fiaba el dinero que obtenía él a préstamo, le llevó a la ruina. Gracias a que en aquel momento regía una antigua ley que establecía que la autoridad no podía requisar las pertenencias que se hallaran en la cama de una embarazada, el matrimonio consiguió salvar exiguas pertenencias. El matrimonio alumbró cuatro hijos, a los que sacaron adelante a duras penas. Tras la debacle financiera, el padre emigró de Livorno para trabajar en la minería, mientras que la madre comenzó a impartir clases de lenguas. La infancia de Amadeo no solo se vio afectada por la precariedad económica, sino también por la enfermedad. Sobrevivió a una fiebre tifoidea y tuberculosis. Amadeo comenzó a estudiar dibujo con catorce años, continuando su formación en Florencia, Venecia y finalmente en Paris. No obstante, pronto aborrecería la tradición académica clásica.

En la capital francesa pudo conocer a los genios de la vanguardia de la época, como Pablo Picasso, Vicente Huidobro, Diego Rivera, Max Jacob, Henri Tolouse-Lautrec y Juan Gris. Se daban dos claras corrientes artísticas: el cubismo liderado por Picasso, y el fauvismo representado por Henri Matisse. Poco amigo de acotarse en un grupo, Modigliani mantuvo relaciones “cordiales” con prácticamente todos ellos, sin comprometerse con ninguno. Su interés por la escultura le conllevó a establecer contacto con reputados escultores como Constantin Brâncuçi, gracias a la intermediación del marchante de arte Paul Guillaume.

El estallido de la Primera Guerra Mundial transformó el ambiente artístico parisino. Cuenta una leyenda que Modigliani se presentó ebrio al puesto de reclutamiento lo que le llevó a ser expulsado. Dudamos de esta teoría, ya que la frágil salud del pintor no le ameritaba para el frente de batalla. La tesitura bélica provocó que no recibiera la ayuda económica que le enviaban su madre y su hermano, sobreviviendo de la caridad de amigos y de los retratos que ejecutaba por pocos francos. “Mi precio es de dieciséis francos por sesión más un poco de alcohol” declaraba. El alquiler de su cuarto era pagado en especie, entregando algunos de sus lienzos, buen trato a largo plazo para el arrendador. Guillaume sería el único marchante que adquiriría parte de su obra durante la contienda.

La obra de Modigliani presenta el hilo conductor de reflejar bellezas idealizadas de inspiración en el arte africano, con rostros y cuellos alargados, narices agudas, cuerpos lánguidos, ojos almendrados con miradas vacías y casi todos ellos de frente. En cuanto al aspecto cromático, escoge contrastes entre colores cálidos y colores intensos, perfilando las líneas sustanciales de las siluetas. En ocasiones, creaba efectos de tridimensionalidad, incorporando tras sus modelos la figura de una puerta o mobiliario. Sus pinturas apenas parecen esbozos, ejecutados con rapidez, y sin mayor repaso posterior, pese a lo cual, los retratados decían sentir como había extraído su alma en la representación.

La residencia en París no solo le aportó una red de contactos con artistas y escritores, también le llevó a una vida de desenfreno. Peleas callejeras, relaciones amorosas turbulentas, alcohol, hachís, así como los efectos del tabaco y el polvo de las piedras esculpidas en sus delicados pulmones, le hicieron enfermar, retornando por un tiempo al refugio familiar en Livorno en busca de cuidados.

En 1918 conoce en París a la que se convertiría en su compañera hasta el final de sus días,   Jeanne Hébuterne, una jovencísima estudiante de arte de origen burgués. El idilio desagradó a la familia de Jeanne, hasta el punto de que a la muchacha le retiraron la asignación económica mensual como medida de presión para que regresara al seno materno. Fue en vano, ya que incluso la pareja llegaron a concebir a su única hija, también llamada Jeanne. La joven no solo sería pareja sino también musa del pintor, apareciendo en numerosos cuadros de él. En la imagen que precede a este artículo, encontramos la obra "Jeanne Hébuterne sentada ante una puerta", datado en 1919 (óleo sobre lienzo, 130 * 81 cm, colección privada en Los Ángeles, Estados Unidos). Fue realizado en Niza, estando ella embarazada. Se trata de una composición dinámica pese a la serenidad de la modelo, con la elegancia y el amaneramiento propios del artista. Contrastan las líneas sinuosas de la persona frente a los trazos verticales de la puerta y los horizontales del muro posterior, que aportan profundidad.

Un año más tarde, el estado de salud del pintor se agravaría hasta el punto de contraer la meningitis tuberculosa que le causaría la muerte a la edad de treinta y seis años. El escultor Kisling intentó realizar una máscara mortuoria apenas expiró el artista, práctica habitual de la época, pero no lo consiguió. Lo que sí lograría es realizar un dibujo de su cabeza en el lecho mortuorio, tras lo cual se le atribuyen las siguientes palabras: “Es evidente por qué las mujeres se volvían locas por él. Era hermoso incluso muerto”. Tras el entierro el cementerio de Père-Lachaise (Paris) al que asistió toda la comunidad artística en un impresionante cortejo fúnebre por las calles de Paris, Jeanne sería llevada a casa por sus padres. Horas después, mientras los padres y el hermano de la joven discutían sobre su futuro y el de la ilegítima prole, esta se suicidaría lanzándose desde la ventana del quinto piso. Tenía 21 años y estaba embarazada de nueve meses. Jeanne fue enterrada en estricto secreto en el cementerio de Bagneux. Hasta diez años más tarde, su familia no concedería que sus restos fueran trasladados junto a los de Modigliani. La hija de ambos fue enviada a Livorno, donde crecería junto a la familia paterna.

La obra de Modigliani no se sometió a ninguno de los movimientos de vanguardia imperantes (cubismo, futurismo, surrealismo y dadaísmo), logrando desarrollar un lenguaje propio y un estilo original. El peaje fue la elección de preferir “morir de hambre” a convertirse en ilustrador de un seminario satírico.

Tras su muerte, la mayor parte de su obra quedó en poder de los hijos de Paul Alexandre, de Paul Guillaume, y del poeta Leópold Zborowski. Ninguno consiguió rentabilidad económica de dichas telas. Alguna fue incluida en la Bienal de Venecia de 1922, sin éxito alguno. Era preciso dar tiempo de maduración a la crítica internacional. Apenas ocho años más tarde, la obra fue acogida con sorpresa y respaldo por la crítica internacional, logrando de esta forma, reconocimiento póstumo como uno de los artistas más influyentes en el mercado internacional del arte.

 

María Gonzaga

1 de mayo  de 2019

Bibliografía consultada:

Modigliani. El rostro atemporal”.Ed. Libsa.

Amadeo Modigliani: el príncipe de Montparnasse”. Herbert Lottman. Galería Miquel Alzueta.