"Judit decapitando Holofernes", 1611. Artemisia Gentileschi, adelantada en el tiempo.

Óleo sobre madera. 1,99 x 1,62 m.
Museo de Capodimonte. Nápoles, Italia.

Artemisia Gentileschi (Roma, Italia, 1593 – Nápoles, Italia, 1653).

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Nos encontramos ante una venganza barroca por parte de Artemisia Gentileschi contra su violador y mentor, el pintor Agostino Tassi, representada mediante el episodio bíblico en el que Judith decapita a Holofernes.

No resulta fácil que las mujeres en el Setecientos accedieran a formación de ningún tipo, menos aún, a la de la pintura. Pronto perdió a su madre, en el séptimo de sus partos. De la mano de su padre, el pintor Orazio Gentileschi, pariente lejano de Caravaggio, la pequeña Artemisa conoció pronto los secretos del dibujo y la pintura, siendo la más destacada de los cuatro hermanos en las tareas que desarrollaban en el taller familiar. Con tan solo dieciséis años, realizó su particular versión del mito de Susana y los viejos. Su padre supo entonces que su hija superaba su talento y necesitaba de estímulos superiores. Dado que el acceso a la Academia de Bellas Artes era terreno exclusivo para hombres, su padre logró un tutor personal para Artemisa, Agostino Tassi, uno de sus colaboradores en el taller. El innombrable se cobró doblemente su mentorado. El padre de la joven lo denunció ante el Tribunale Criminale del Governatore di Roma al no poder cumplir Tassi la promesa de casarse con la muchacha, estando, como estaba, ya casado. Tuvo lugar un juicio en el que Artemisa sufrió humillantes exámenes ginecológicos, sometimientos a pruebas de dolor para acreditar su victimización, debió escuchar acusaciones sobre su “baja moral”, y todo se saldó con apenas unos meses de cárcel para el agresor y su exilio durante cinco años fuera de los Estados Pontificios del papa Pablo V. No llegó a cumplir la pena en su integridad. El stupro consta en la “Actes dún procès pour viol en 1612 (Des Femmes)”, donde quedó probado que el agresor también planeaba asesinar a su esposa, que cometió incesto con su cuñada y que pretendía robar obras de Orazio Gentileschi. A Artemisa se le ocurrió una forma de atenuar el dolor por su agravio: el coraje del testimonio público en un cuadro de gran formato representándose como Judith. Impresionante visión, máxime si consideramos que fue realizada por la artista a la edad de diecisiete años, demostrando que superó con creces al maestro. Desarrollado en la técnica de chiaroscuro, cuenta con gran realismo e incluso mayor violencia que en “la Judith” de Caravaggio. El malvado intenta zafarse de la muerte, pero Judith y su sirvienta lo apresan con fuerza para que no escape del fatal destino. La protagonista parece preocupada por mancharse con la sangre del condenado, por eso se aparta lo suficiente para sufrir menos salpicaduras, pero no así su criada, que lo sostiene fuerza y naturalidad. La obra la podemos contemplar en el Museo Capodimonte de Nápoles, ciudad en la que residió y falleció quien probablemente fuera la primera artista feminista de la Historia del Arte. La pintora realizaría posteriormente varias interpretaciones de esta escena.

Apenas un mes más tarde del exilio de Tassi, Artemisa se vio obligada a un matrimonio concertado, con el que el padre de ella pretendía lograr la restitución de su honorabilidad. El matrimonio se trasladaría a Florencia, donde ella lograría ser la primera mujer en ser admitida en la selecta Academia de las Artes y el Diseño de Florencia. Su fama continuó extendiéndose, integrando entre sus amistades a ilustres prohombres, como Galileo Galilei o el pintor Cristofano Allori. Siempre fue independiente profesionalmente, ella misma negociaba el precio por la venta de sus obras con coleccionistas privados, como los Médicis o el duque de Módena

El trauma causado por la agresión, hizo cambiar el estilo pictórico de la artista, incluyendo mayor dramatismo y oscuridad. Pasó a representar mujeres fuertes, independientes al yugo de los hombres, basadas en personajes de la Historia y la Biblia, como Lucrecia, Betsabé o Cleopatra, en estilo dramático caravaggista.

Entre 1615 y 1617, Artemisa realizó un autorretrato en forma de Catalina de Alejandría, recientemente adquirido por la National Gallery de Londres. En la obra, la artista parece decirnos que se identifica con la fuerza de la mártir, que prefirió morir decapitada antes de contraer matrimonio con el emperador Majencio. La protagonista de la obra aparece con un halo de santidad, mientras posa su mano izquierda sobre la rueda que sirvió de instrumento de tortura, y que la santa logró quebrar con la fuerza de sus rezos.

El matrimonio tuvo cuatro hijos. Solo la hija llegaría a la edad adulta. Pese al éxito de su trabajo, el exceso de gastos de la familia puso en serios aprietos la economía familiar, lo que motivó la decisión de retornar a Roma donde la pareja se separaría. Artemisa tendría otra hija, siendo ella quien constara como “cabeza de la familia” junto con dos sirvientes.

Aunque Artemisa era requerida para multitud de encargos, los ingresos no eran lo esperado por la artista de forma que se vio obligada a viajar a Venecia en busca de proyectos más fructíferos. En 1630 la pintora se trasladaría a Nápoles, lugar en el que antaño recalaron Caravaggio o Annibale Carracci, y donde en ese momento se encontraban trabajando José Ribera y Domenichino. El resto de la vida de Artemisa transcurrió en Nápoles, con las excepciones de una estancia en Londres, trabajando junto a su padre para la corte del rey Carlos I de Inglaterra. En dicho país le sobrevendría la muerte a su progenitor, quedando ella al frente de sus trabajos pendientes. Artemisa abandonaría Inglaterra en los albores del inicio de la guerra civil, regresando a Nápoles. Falleció en torno a 1656, víctima de la plaga que asoló la mitad de la población. Su obra fue olvidada hasta prácticamente el siglo XX, que la Historia le hizo justicia.

Artemisa Gentileschi, una mujer que lejos de amedrentarse por el estigma de la brutal agresión sufrida, el posterior juicio en el que fue humillada y el impacto que supuso en su reputación, se enfrentó con valentía a una sociedad misógina. Viajó sola por diversas partes de Europa, dirigió su propio taller de pintura en Nápoles donde exclusivamente trabajaban hombres, negoció sin pudor el precio de sus trabajos y sostuvo en exclusividad a su familia. La pintora más influyente del siglo XVII y sin duda, un personaje adelantado a sus tiempos.  

María Gonzaga

4 de marzo de 2020

Bibliografía consultada:

“Artemisa Gentileschi”. Alexandra Lapierre. Robert Laffont.