"La anunciación", hacia 1426. Fra Angelico.

Oro y temple sobre tabla. 194 cm × 194 cm.
Museo del Prado, Madrid, España.

Fra Angélico (Guido di Pietro). (Florencia, Italia, hacia 1395 – Roma, Italia,1455).
____________________________________________________________

Aunque podemos encontrar algún caso desde el arte paleocristiano, la presencia femenina en el Arte no era significativa hasta el siglo XV. Por ese motivo, la Iglesia promovió el desarrollo del culto mariano. Dos temáticas eran las más recurridas: la Anunciación a María de que ella sería la madre del Mesías, y escenas relativas a la maternidad de Jesús.

En esta obra nos hallamos ante la representación de lo narrado en el Nuevo Testamento: la visita del arcángel Gabriel a María para darle la buena nueva. Tan solo la leyenda nos indica que se trata de un varón, puesto que el pintor no ha incorporado recurso alguno que nos incline a determinar su género. Acude cubierto con túnica en tono rosado, y muestra su respeto hacia quien dará vida a Jesús inclinando su torno y cruzando delicadamente las manos sobre su pecho. El virtuosismo técnico queda patente en la delicadeza de los pliegues de la túnica y el detallismo microscópico de las alas, en una técnica tan complicada como es el temple.

María se encuentra sentada en el Trono, cubierto con una rica tapicería. Al igual que el arcángel, se representa con belleza idealizada, creando sensación de religiosidad casi mística. Al igual que con el arcángel, el pintor ha pintado cada pestaña, cada cabello de la Virgen. Quizá como recurso estético, Fra Angélico ha pintado un vestido anormalmente largo, en la misma escala cromática que el del arcángel. Se cubre con capa de color azul, simbolismo de convertirse en la Reina del Cielo. Este azul se elabora triturando la piedra semipreciosa lapislázuli, procedente de Afganistan, lo cual hace fácil entender que los destinatarios de la obra, disponían de economía suficiente para encargar dicho pigmento. Sobre las rodillas de María, reposa la Biblia, ya que según la tradición, María se encontraba leyendo el pasaje del presagio de Isaías sobre una mujer en estado de buena esperanza. Por supuesto, se trata de un anacronismo más, pues no existían libros, como tampoco tan repujadas telas. Cruza los brazos en señal de aceptación del mensaje divino y recibe el halo de luz de Dios Padre, con la intersección del Espíritu Santo, representado en una paloma. El haz de luz se realizó con el costoso material de pan de oro. La aproximación al cuadro original, nos permite captar el detalle de la distinta densidad de pintura que aplicó Fra Angélico al vestido, donde prácticamente encontramos una aguada, de las manos de María, pintadas con mayor cantidad de pigmento. Se trata de una inteligente manera de “separar” las manos del torso.

Arcángel y María, se encuentran en el interior de una estancia, aludiendo a la virginidad de la madre de Jesús. Se trata de un edificio de inspiración gótica, destacando el azul con el que han sido cubiertas las bóvedas de medio punto, salpicadas de pequeñas estrellas relucientes, y las columnas corintias que parecerían no ser suficientes para sostener el peso sobre ellas. Dos medallones se encuentran sobre las columnas, uno de ellos, representando a Dios Padre en grisalla.  Sin duda Fra Angélico se inspiró en las construcciones del arquitecto renacentista Michelozzo.

La llegada del Mesías, vendría a redimir al mundo de los pecados de Adán y Eva que narra el Antiguo Testamento. La pareja se encuentra representada en el margen izquierdo superior del cuadro, en el momento que son expulsados del Paraíso, bajo a la atenta mirada de un ángel. Han sido cubiertos con toscas pieles, muy diferentes al delicado tejido de María y el Arcángel. Fra Angélico realizó un ejercicio perspectivista, empequeñeciendo a Adán y Eva para situarles en un segundo plano. De esta forma logra no desviar excesiva atención a los dos principales protagonistas de la obra, y también por otorgarles una menor importancia histórica. Pese a ese segundo rango, el pintor no ha escatimado en el detallismo en los personajes, y podemos incluso ver los pelos de la barba de Adán. El artista quiso una vez más imprimir rasgos naturalistas a su obra, cuajando de florecillas el suelo, con la dedicación propia de tan hábil miniaturista.

En el banco o predela representa distintos hechos de la vida de María: su Nacimiento, Desposorios, Visitación, Epifanía (presentación de los Magos), Purificación (presentación en el Templo) y Tránsito (fallecimiento).

El lienzo fue realizado para ser expuesto en el florentino convento de Santo Domingo en Fiesole. La necesidad de sufragar costes de edificación en dicho convento, obligó a la congregación a vender la obra al duque de Lerma en 1611. Posteriormente la pieza pasaría a manos de las Descalzas Reales de Madrid, para a continuación ser alojada en el madrileño Museo del Prado, donde se encuentra en la actualidad. Con motivo de la Guerra Civil en España, numerosas obras del Museo tuvieron que ser enviadas a Ginebra. La fragilidad de La Anunciación, desaconsejó el traslado, asumiendo el riesgo de poder ser víctima de los bombardeos de las tropas franquistas en Madrid. Milagrosamente, ha llegado a nuestros días, insertada en su marco original.

Recientemente ha sido objeto de una minuciosa restauración, que ha eliminado la capa de suciedad y polución que acumulaba, así como defectos de la anterior restauración (realizada en 1943-4). Tan meticuloso trabajo, ha permitido recuperar la profundidad e intensidad cromática perdidas.

Guido di Pietro inició carrera artística desde la juventud como decorador de libros religiosos con la técnica de la miniatura. Su prestigio, le llevó a recibir numerosos encargos en Florencia de tablas y retablos. En 1446 acudió a Roma a la llamada del Papa Nicolás V, para decorar la Capilla Niccolini del Vaticano. Tras su fallecimiento, se comenzó a llamarle Fra Angélico (“angelical”) por su reconocida religiosidad, que le llevaría a ser beatificado en 1982 por Juan Pablo II.

María Gonzaga

1 de febrero de 2019

 

Bibliografía consultada:

 “Guía del Prado”. Consuelo Luca de Tena y Manuela Mena. Ed. Silex.

Historia del Arte. Renacimiento. El Quattrocento”. Ed. Salvat.

Noticias del Museo del Prado (sobre la restauración de la obra).