"La bestia humana", 1897. Antonio Fillol Granell, costumbrismo incómodo.

Óleo sobre lienzo.  190 * 280 cm.
Museo Nacional del Prado, Madrid, España.

Antonio Fillol Granell (Valencia, España, 1870 – Castellnovo, Comunidad Valenciana, España, 1930).

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Una mujer llora ante su triste destino, el de ejercer la prostitución como medio de subsistencia. Viste de luto, lo que nos indica que se ha quedado huérfana o viuda, y lo que sirve a la celestina para sacar provecho a la situación. Pone su mano derecha sobre el hombro de la muchacha, quizá a modo de Consuelo, pero la vigorosa mano izquierda resta esta interpretación al apremiarla a dar capricho al cliente que está a la espera. El pusilánime hombre enciende un cigarillo abstraido de la desgracia de la que es cómplice. Su cuidado traje y sombrero nos indican que es un hombre de clase acomodada. Un destartalado brasero caldea mínimamente una desangelada estancia en la que los sentimientos de cliente y alcahueta están congelados. El lienzo, muy elogiado desde el punto de vista formal, tiene una innegable profundidad psicológica que escandalizó a la contradictoria moralidad católica de la época. Con él, el artista Antonio Fillol Granell denunciaba frontalmente el abuso al que se veían sometidas las mujeres más necesitadas. Nos resulta inevitable el paralelismo con la obra de su homólogo, también valenciano, Joaquín Sorolla Batista, “Trata de blancas” (1895, Museo Sorolla, Madrid, España). No obstante, el tratamiento del tema es bien distinto, puesto que si bien Sorolla lo plantea veladamente, Fillol desenmascara crúdamente y con valentía la explotación humana y la doble moral de quienes la practican.

Antonio Fillol es considerado uno de los máximos exponentes del género realismo social, y esta obra fue resultado del tiempo que el artista dispuso tras ser merecedor del Segundo premio de la Exposición Nacional a la edad de veinticinco años, con otra obra también memorable, “La Gloria del pueblo” (1895, Museo Nacional del Prado). El cuadro, a la manera de radiografía sociológica, muestra las desigualdades de clases y profundos sentimientos humanos. Empleó una pincelada libre, dirigiendo luces y sombras con violencia.  "Con el dinero que el Estado me dio por “La gloria del pueblo” me dediqué al estudio con más afán que nunca. Rodeado de lienzos y libros, me pasé una larguísima temporada sin que nada ni nadie distrajera mi atención… Y convencido de que el arte no debe ser un simple juego de nuestras facultades representativas, sino la expresión de la Vida, me lancé al palanque en la Exposición de 1897 con “La bestia humana".

No es este el único lienzo con el que el artista denuncia el abuso y la violación. También lo hizo con la obra “El amo”, en el que representa la ira del esposo tras la violación de su mujer por parte del amo al que sirven, o “El sátiro”, donde escenifica una rueda de reconocimiento para la identificación del pederasta que abusó de la pequeña que se esconde de su abuelo. Esta última obra fue descartada de participar en la Exposición Nacional por ser catalogada de “inmoral” por parte del jurado. Tal fue la decepción del artista por el tratamiento de su obra, que esta permaneció oculta y enrollada en la casa del pintor durante casi un siglo.

Fillol es el artista por excelencia de la Albufera valenciana. Las barracas y la vida tranquila del poblado en El Palmar fueron fuente de inspiración, al igual que El Cabañal lo fuera para Sorolla. Plasmó con idéntica facilidad el dolor y la alegría de vivir, en un marco que más adelante narraría su amigo y escritor Vicente Blasco Ibáñez. Un claro ejemplo es la tela “¡El mar siempre azul!”, en la que nos muestra a una familia sin techo. Probablemente provenir de una familia humilde, siendo el padre zapatero, le hizo empatizar y reivindivicar la dignidad de las clases más necesitadas, haciéndoles enteros protagonistas de sus obras. Su origen humilde, no fue óbice para que Fillol se formara artística e intelectualmente. Leyó a Émile Zola y se dice que era “consejero” de Blasco Ibánez.

Por todo lo anterior, se puede afirmar que Antonio Fillol es uno de los artistas más progresistas del siglo XIX, pero por su valentía y compromiso social pagó el peaje de no alcanzar el reconocimiento ampliamente merecido. En los últimos años se ha comenzado a rendir justicia como uno de los más importantes pintores españoles del siglo XIX.

La obra de Fillol se puede encontrar en el Museo Nacional del Prado, el Museo de Bellas Artes de Valencia, el Museo de la Ciudad de Valencia, el Museo Lladró y el Museo de Jaén, entre otros muchos.

María Gonzaga

10 de octubre de 2020