"La condesa de Chinchón", 1800. Francisco de Goya y Lucientes.

Óleo sobre lienzo, 216 x 144 cm.
Museo del Prado, Madrid, España.
Francisco de Goya y Lucientes (Fuendetodos, Zaragoza, 1746 – Burdeos, Francia, 1828).

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En la obra que nos ocupa encontramos a la condesa de Chinchón. Por aquel entonces la muchacha, de nombre María Teresa Josefa de Borbón y Vallabriga, apenas contaba 20 años de edad y tras tres años de matrimonio con el poderoso Manuel Godoy, se encontraba en estado de esperanza de su primera y única hija.

María Teresa fue fruto de una unión morganática tras el abandono de la orden eclesiástica por parte de su padre. Carlos III castigó dicho enlace prohibiéndoles utilizar el apellido Borbón. Tras la muerte de su progenitor, tanto María Teresa como su hermana María Luisa, fueron separadas de su madre y trasladadas al convento de San Clemente en Toledo, donde permanecieron doce años.

Pasado este periodo, la reina María Luisa de Parma acordó con su esposo, Carlos IV, la conveniencia del matrimonio de su primer ministro, Manuel Godoy con la joven María Teresa. Para la familia de la joven, esta unión fue recompensada permitiéndoles de nuevo el uso del apellido Borbón, para lo que fue preciso modificar las partidas bautismales. Su madre recibió el título de infanta y una pensión económica. María Teresa recibió los títulos de marquesa de Boadilla del Monte y condesa de Chinchón. Para Manuel Godoy, el enlace significaba estrechar lazos con los Borbones.

Sin apenas conocer al que sería su esposo y con total inexperiencia en la vida, María Teresa aceptó el matrimonio, quizá también por escapar del enclaustramiento en el que se encontraba.

No resulta sorprendente creer que no se trató de un matrimonio feliz, ya que Godoy no solo no profesó afecto hacia su joven esposa, sino que tampoco la respetó. Tal es así, que convivía con ellos la amante principal de Godoy, Josefa (Pepita) Tudó, quien le acompañaba en actos públicos sin rubor alguno.

Con anterioridad, hubo dos anteriores embarazos, que acabaron en aborto. Sobre ello, la reina María Luisa de Parma, escribió a Godoy: “mujer mal parida, al año siguiente parida”, y le otorgaba la consideración de padre pese a que no llegaron a nacer las criaturas.

La llegada de la hija en común, Carlota Luisa de Godoy y Borbón, no contribuyó a mejorar su relación, tal y como exponía Godoy a la reina María Luisa en las cartas que le dirigía, quejándose de su carácter melancólico e introvertido.

Tras el motín de Aranjuez, Godoy fue hecho prisionero tras ser encontrado en el desván y María Teresa abandona la casa familiar, para refugiarse en Toledo junto a su hermano. No volvería a ver a su esposo. Tras varias mudanzas a Andalucía, Madrid y Zaragoza, se exilia a París. Allí tendría un tortuoso idilio con un coronel que la maltrató y estafó, mermando severamente su patrimonio. Tras su muerte, a los 48 años, sus restos fueron trasladados al palacio de Boadilla del Monte, en Madrid. Manuel Godoy contraería matrimonio con Josefa Tudó tras su viudedad.

Precedentes de retratos de las reinas de los Habsburgo en estado de buena esperanza,  dieron a la reuna María Luisa la idea de retratar a María Teresa. Para ello, pidió que fuera conducida en parihuelas al palacio de Oriente donde trabajaba Goya.

No fue el primer retrato que Francisco de Goya le realizó, pues ya había sido retratada por el genial pintor cuando contaba tres años de forma individual y a los cuatro años junto a su familia.

Goya conocía por tanto a María Luisa y se percibe el aprecio con el que la retrata. María Luisa no mira al espectador, se siente incómoda, por lo que huye con la mirada, girando incluso la cabeza. Apenas esboza una ligera sonrisa, quien sabe si además de por timidez, por esconder la ausencia de piezas dentales. Sus cabellos ensortijados están recogidos con un tocado de espigas, en alusión a la inminente maternidad. Muestra sus brazos descubiertos, en postura clásica maternal, sin ser cubiertos por mantilla o basquiña propia propia de la vestimenta de calle de las mujeres españolas. Se observa que lleva un anillo con camafeo, probablemente con la imagen del esposo.

Sobre el incipiente vientre, Goya aplica luz para sobresaltar el estado de gravidez. El vestido de gasa es ejecutado por el pintor con gran maestría, dominando luces y sombras. La gama cálida empleada en retratar a la condesa le otorga dulzura casi infantil.

Envolviendo la imagen, tan solo color negro. No obstante, estudios radiológicos han desvelado que el lienzo ya había sido utilizado con anterioridad. Las pruebas de imagen desvela que girando el lienzo 180º, bajo la falda del vestido, se encuentran dos cabezas, que no parecen ser de la misma escena, es decir, que el de la condesa de Chinchón, fue en realidad el tercer retrato del lienzo. El primer retrato podría corresponder a  José Álvarez de Toledo y Gonzaga, marqués de Villafranca y duque de Alba por matrimonio. El segundo retrato probablemente fuera de Manuel Godoy. No es excepcional en Goya la reutilización de lienzos, y este es un claro ejemplo.

De forma casi milagrosa, el cuadro escapó a ser destruido por un obús durante la Guerra Civil española. Numerosas obras del Museo del Prado, junto con otras de carácter privado, como La condesa de Chinchón, fueron inicialmente trasladados a Valencia. Ante la inminente caída de Valencia, se decide enviar a Ginebra el Tesoro Artístico. Volvería a España tras finalizar la Guerra. 

En el año 2000, tras un largo proceso negociador, el Gobierno español adquirió la obra a los descendientes de la condesa, encontrándose en perfecto estado de conservación en nuestros días. Desde entonces es expuesto en el Museo de Prado, en Madrid, de nuevo, bajo la atenta mirada de la reina María Luisa de Parma …

Francisco de Goya y Lucientes nació hace más de 270 años, pero lo recogido en su obra es de absoluta actualidad: el sufrimiento de los menos favorecidos, la soledad, la avaricia, también la ternura, la violencia consustancial del ser humano, particularmente la ejercida sobre la mujer y el papel relegado al que quedaban confinadas estas en un mundo dominado por hombres.

María Gonzaga

1 de octubre de 2019

Biografía consultada:

Goya y la pintura española del siglo XVIII”. Ed. Museo del Prado.

“Goya”. Elke Linda Buchholz. Ed. Könemann.

Goya en el crepúsculo del siglo de las luces”. Janis A. Tomlinson. Ed. Cátedra.

Los retratos: Goya”. Xavier Bray. VVAA.

www.culturacientifica.com. “Radiografiando a Goya”. Artículo de Laura Morrón.