"La familia del presidente", 1967. Fernando Botero.

Óleo sobre lienzo.  203,5 * 196 cm.
Museum of Modern Art, Nueva York, Estados Unidos.

Fernando Botero (Medellín, Colombia, 1932).

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Centralizando la composición encontramos a una dama ataviada con estola de zorro, muestra de su holgada situación económica, que mira con dulzura a una pequeña que reposa sobre el regazo de su abuela, quien también la contempla con deleite al tiempo que pone la mano sobre la entrepierna. Parecería querernos indicar el deseo de preservar la “honra” en la mujer en quien se convertirá, en una sociedad de marcado acento machista. Visten ropas en suaves tonos pastel, como “ángeles de su casa”, mientras que tras ellas los varones se cubren con oscuros trajes. Los varones de clases acomodadas parecerían estar avocados al sacerdocio, el escalafón militar o bien los negocios, tal como indica su representación. Personajes todos ellos orondos, pues al pintor le agrada llevar al extremo las voluptuosidades tanto de las figuras humanas como de naturalezas muertas, en ocasiones para potenciar su sensualidad y en otros casos de forma satírica y/o cómica. Como mascota de la tradicional familia, un gato dormilón con collar distintivo de sus ilustres dueños. Pero también encontramos otro animal en el ángulo inferior izquierdo de la obra: una serpiente, un mal augurio de inspiración en la iconografía medieval. El cuadro fue un símbolo de la condena de la avaricia y la corrupción por parte del pintor.

Fernando Botero nace en Medellín, Colombia, en 1932. Poco pudo disfrutar de su padre, pues falleció cuando él tan solo tenía cuatro años de edad. Desde temprana edad demostró habilidad para el dibujo y la pintura, aunque también tuvo una pequeña incursión en el mundo del toreo. Cursó estudios superiores de arte que financiaba con su trabajo como ilustrador en un diario local. Tras finalizarlos, inició su carrera artística participando en diversas exposiciones. Su participación en el Salón Nacional de Artistas Colombianos, le granjeó un premio, con cuya retribución, además de la venta de algunas de sus obras, pudo costearse el pasaje para viajar a España. Recaló en barco en Barcelona, desde donde se trasladó a Madrid. Ya en la capital, ingresó en la Academia de San Fernando. Concluidos los estudios, se mudaría a Paris, y posteriormente a Florencia. Con la obra que fue produciendo durante la estancia en Europa, regresó a Colombia, para exhibirla púbicamente. No obtuvo el éxito esperado lo que le decepcionó e incitó a buscar un lenguaje artístico propio, basado en la investigación de los volúmenes, probablemente influido por las voluminosas formas del muralista mexicano Diego Rivera. Viajaría a Estados Unidos, donde su obra fue apreciada, regresando nuevamente a Colombia como profesor de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Colombia. Ya consagrado como pintor, contrajo matrimonio y tuvo tres hijos, pero la unión no duraría demasiado tiempo. Tras el divorcio, Botero se mudó a Nueva York, donde constató que la rapidez con la que evolucionaban las tendencias artísticas, habían antepuesto la abstracción frente a la figuración. Investigó otras corrientes artísticas, como el pop, incluyendo colores planos y atreviéndose con la inclusión parcial de collages en sus obras. Todo ello le permitió resarcirse económicamente, pues sus obras obtuvieron amplio respaldo por parte de la crítica, y pasaron a ser exhibidas tanto en Estados Unidos como en Europa. Contrajo nuevo matrimonio, fruto del cual nació su hijo Pedro, pero el pequeño no sobrevivió más que cuatro años. El matrimonio no pudo sobrellevar el impacto de la pérdida, y Botero se instaló en Paris. Comenzó a trabajar en sus primeras esculturas. La pasión del artista hacia esta técnica le llevó a mudarse a Pietrasanta, en la Toscana (Italia), próximo a una fundición. La belleza de sus hinchadas esculturas no pasó desapercibida a las grandes instituciones del arte de todo el mundo, por lo que desde 1983 se iniciaron exposiciones que aún hoy en día no han acabado, por Londres, Roma, San Francisco, Chicago, Paris, Madrid, Berlín, Múnich, Ciudad de México, Pekín, también junto a las pirámides de Egipto y un amplio etcétera. Parte de estas obras forman ya parte del paisaje urbano de numerosas ciudades. En la actualidad, Botero, que alterna residencia entre Pietrasanta y París, trabaja en obras de denuncia social, como la guerra y las torturas.

María Gonzaga

18 de octubre de 2020

Bibliografía consultada:

"Fernando Botero". Mariana Hanstein. Ed. Taschen.