"La gran ola", 1831. Katsushika Hokusai.

Grabado sobre tabla. 

Katsushika Hokusai (Ciudad de Tokio, Japón, 1760 – 1849).

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La pintura japonesa abarca una amplia variedad de géneros y estilos, pudiendo afirmar que es en el siglo VIII, cuando avanza su desarrollo con el estilo Yamato-e, realizando pinturas en rollos de pergamino, con clara influencia de la cultura china. Se conocen como las “pinturas del mundo flotantes”, comprendidas entre los siglos VIII a XIX con técnicas de estampación y grabado a partir de planchas de madera para ilustraciones de textos budistas o bien representativos de escenas del pueblo llano, como por ejemplo del teatro Kabuki, jugadores de sumo, geishas o recolección de la cosecha de arroz. Se realizaban más o menos copias, dependiendo de la reputación del artista, y curiosamente se destruía el patrón una vez que habían sido emitida la serie, con el objeto de garantizar la originalidad de la obra. Quizá el artista más conocido sea Katsushika Hokusai, dibujante, ilustrador y grabador, nacido en 1760 en la actual ciudad de Tokio. No se tiene certeza de quienes fueron sus padres, pero sí de que pronto fue adoptado por un notable artesano, quien de quien aprendió el oficio de restaurador. A los dieciocho años ingresó como discípulo de Katsukawa Shunsho en el aprendizaje de la técnica ukiyo-e, mediante la cual se grababa partiendo de planchas de madera (xilografía). Tras el fallecimiento del maestro, se estableció de forma independiente, realizando tanto grabados como ilustraciones de libros. Inicialmente trató escenas paisajísticas e históricas, pero tras la muerte de su hijo, se orientó hacia temas comerciales. Entre 1831 y 1833 realizó la serie xilográfica conocida como “las treinta y seis vistas del monte Fuji”, una de las mejores y más delicadas representaciones del famoso monte que tanto atrajo a diversos artistas japonés. En 1840 Hokusai falleció en la misma ciudad que le vio nacer.

La obra conocida como “La gran ola de Kanagawa” o simplemente “La gran ola” de Hokusai, no es un cuadro como tal, sino una estampación realizada en 1831. Podemos observar hasta cuatro planos dentro de la imagen. En un primer lugar, observamos el inicio de una ola. En segundo lugar, vemos otra ola que empieza a romper, y a continuación una ola espumosa. Al fondo de la imagen, el monte Fuji, como así indicó el artista en la leyenda de la izquierda. El artista empleó tres pigmentos, azul de Prusia, amarillo y negro. El blanco que se observa, no es más que el fondo del papel sobre el que se estampa la imagen. Al realizarse a partir de una plancha de madera, el ilustrador puede hacer variar la tonalidad de los pigmentos, de ahí la ligera variación cromática de una impresión a otra. Es reseñable la limpieza de la línea del dibujo y la perfección de la técnica del estampado del color, que le colman de belleza. Entre las olas aparecen tres barcas de las utilizadas manejadas por ocho remeros aferrados a los remos ante la marejada. Se trata de las barcas dedicadas al transporte de verduras y pescado, que vuelven del puerto de Tokio tras depositar los productos. La dirección de las barcas es de izquierda a derecha, aunque el espectador japonés lee de derecha a izquierda, cargando de dramatismo a la imagen.

El final del siglo XVIII y principios del siglo XIX, la técnica ukiyo-e fue fuente de inspiración a pintores impresionistas, como Van Gogh, Monet y Renoir.

La obra original no sobrevivió al artista, pero podemos encontrar copias a de la misma en el Museo Metropolitano de Nueva York, el Museo Victoria Alberto y el Museo Británico de Londres.

María Gonzaga

25 de abril de 2020

Bibliografía consultada:

Hokusai. Rhiannon Paget. Ed. Taschen.