"La habitación azul", 1923. Suzanne Valadon: vida intensa, mujer valiente, pintora excepcional.

Óleo sobre lienzo. 90 x 116 cm.
Centre Georges Pompidou. Paris

Marie-Clémentine Valade, alias Suzanne Valadon (Viena, 1865 – Paris, Suiza, 1938).

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Dentro de la habitación azul nos encontramos a una inusual modelo. No posa mirando al espectador, ni se ha engalanado con sus mejores vestidos, ni siquiera ha dejado el cigarrillo que tiene entre los labios. Reclinada pero atenta, ha sido retratada con fuertes pinceladas, contorneando su silueta con líneas negras. El azul de la tela sobre la que se encuentra, envuelve distintas partes de la escena. La artista no ha querido reflejar belleza o sensualidad, sino fuerza y carisma. El conjunto podría sugerir que se trata de la entrada a una casa de citas, en la que la “madame” espera a que llegue algún cliente. La obra fue realizada Marie-Clémentine Valade, conocida artísiticamente como Suzanne Valadon.

Marie-Clémentine nació en Viena, siendo la única hija de una modesta costurera suiza. El padre no quiso hacerse cargo de la criatura, dejando a su madre con el estigma ser de madre soltera de la moralista sociedad del s. XIX. Pronto marcharían a Montmatre, pequeña localidad próxima a París, pero aún no perteneciente a la misma. Se trataba de un lugar con numerosos bares y lupanares, a donde comenzaron a acudir artistas que no podían afrontar los elevados alquileres de París. La madre de Marie conseguiría trabajo como planchadora de ricas familias parisinas, ingresando a Marie en un internado católico. En dicho centro permanecería la pequeña hasta los once años. Desde ese momento y hasta los dieciséis, ejerció diversos trabajos, como el de verdulera, camarera, ayudante de molinero, asistente en una funeraria e incluso como trapecista. De este último oficio hubo de retirarse tras sufrir una aparatosa caída. Tras recuperarse de la lesión, la fortuna quiso poner en su camino al pintor Pierre Puvis de Chavanne, que atraído por la belleza rotunda de la muchacha, le ofreció trabajar como modelo para sus obras. Frecuentar el ambiente de la bohemia, le permitió conocer a otros artistas, como Henri Toulousse-Lautrec, Pierre Auguste Renoir, Amadeo Modigliani, Berthe Morisot, Renoir, Miguel Utrillo o Edgar Degas, que la convertirían en una de sus musas. Por este motivo, a ningún amante del arte le es ajeno el rostro de Valadon, en obras como “El columpio” o “Baile en el Moulin de la Galette”, ambos de Redoin.

Verse rodeada de hombres mayores que ella, le llevó a adoptar el seudónimo de Suzanne, en relación al mito de “Susana y los viejos”.

A los dieciocho años tendría a su primer hijo, Maurice. También soltera, como su madre. Reconoció no tener certeza de quién podría ser el padre del pequeño, ya que fueron numerosos sus amantes. Parecería que sería fruto de Renoir o Degas, no obstante, fue el pintor barcelonés Miguel Utrillo quiso darle el apellido. Ese niño se convertiría años más en el prestigioso pintor Maurice Utrillo. Sin duda, heredó el talento artístico de madre y padre.

Como miembro de esa bohemia artística, fue naciendo en Suzanne el interés por el arte, y poco a poco, en secreto, fue haciendo sus pinitos de forma autodidacta. No solo posaba, también se fijaba en cómo los grandes maestros esbozaban los retratos, cómo mezclaban los pigmentos, cómo superponían veladuras, … Fue Toulousse-Lautrec quien la sorprendió dibujando, quedando impresionado por la fuerza de sus representaciones en expresiones humanas y animándola a hacerlo profesionalmente.

Con treinta años, contrajo matrimonio con Paul Mousis, un acaudalado agente de bolsa que le aportaría estabilidad económica. Esa estabilidad, permitió a Suzanne dedicarse completamente a la pintura, aunque tendría que abandonar el mundo de la bohemia. El matrimonio duraría apenas quince años, por el asfixio que suponía para ella el encorsetamiento social y por enamorarse André Utter, íntimo amigo de su hijo. El joven sería el gran amor de la artista y fuente de inspiración artística. Muestra de ello, es la obra “Adán y Eva”, en la que la artista se auto-retrató junto a él en un desnudo frontal. La rígida moral de la Belle Époque consideró una afrenta el desnudo masculino, obligando a Valadon a cubrir los genitales de él con hojas de parra.

Paisajes, retratos, bodegones y desnudos con vibrante paleta cromática, constituyen la esencia de la obra de la artista. En los desnudos femeninos muestra una sensualidad natural, alejada de la perversión de algunos colegas de profesión masculinos. Los desnudos masculinos representan una punta de lanza que rompió la artista, y es que los muestra como objeto de deseo, al igual que ha aparecido el cuerpo de la mujer a lo largo de la Historia. Perfeccionista hasta la extenuación, retocaba una y otra vez su obra hasta considerarla digna de ser expuesta.

Célebre es su obra “Retrato de familia” (1912, Centro Pompidou, París) cargado de fuerte carga psicológica. En el centro del lienzo, aparece Suzanne, posando su mano izquierda sobre el pecho, quizá aludiendo a que es ella el centro, quien sostiene la familia, tal y como lo haría antaño su madre. Tras ella a su izquierda, encontramos a la anciana madre. A la derecha está André, con mirada ausente, quizá preguntándose a dónde le conduciría esta relación. Delante de la artista, está Maurice, su hijo. Aparece ssentado, cabizbajo, y es que el muchacho sufrió alcoholismo desde temprana edad, obligando a su madre a relegar su actividad pictórica para atender a su hijo. Sería ingresado en numerosas ocasiones, y finalmente su relación con una mujer de fuertes convicciones religiosas conseguiría alejarlo de esta adicción.

Pese a la belleza, fuerza y personalidad de sus lienzos, apenas se menciona a Suzanne Valadon en el repaso a la Historia de la Pintura, si por el contrario encontramos a su hijo pese a no tener la genialidad de la madre. Una más de tantas mujeres injustamente silenciadas en el mundo del Arte. Probablemente el pertenecer a una clase social inferior, le facilitó vivir su vida como quiso, alejada de estrechas consideraciones sociales, pagando un elevado precio por ello.

Actualmente podemos encontrar la obra de Suzanne Valadon en el Georges-Pompidou de París o el Metropolitan Museum of Art de Nueva York.

Sirva desde aquí este artículo, como homenaje a una vida intensa, una mujer valiente y una pintora excepcional. 

María Gonzaga

25 de febrero  de 2019

Bibliografía consultada:

Ellas mismas. Autorretratos de pintoras”. Ángeles Caso. Ed. Libros de la letra azul.