"La muerte de Cleopatra / Cleopatra agonizante", 1660-62. Guido Cagnacci.

Óleo sobre Tela. 158 x 120 cm.
Pinacoteca de Brera. Milán. Italia.

Guido Cagnacci (Santarcangelo di Romagna, 1601 – Viena 1663).

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Nos encontramos ante un bello retrato de una mujer joven, cabellos dorados, que se encuentra sentada en una noble butaca. Su torso se encuentra desnudo y en su rostro se dibuja lo que podría parecer una leve sonrisa. En una primera impresión, podría parecer que se haya dormida, pero fijémonos en su antebrazo derecho. Bajo el mismo, se observa huyendo a una cobra egipcia, tras su letal picadura. Estamos ante el suicidio de Cleopatra VII, la última reina de Egipto. 

Mucho se ha escrito e incluso pintado sobre la muerte de esta reina egipcia, poniendo especial hincapié en su firme carácter e inhibición sexual.

De estirpe griega, Cleopatra nació en Alejandría. A los 11 años, abandonó Egipto para refugiarse en Roma junto a su padre, huyendo de su hermanastra, quien ya había asesinado a su madre y a su marido para hacerse con el trono. Mujer de gran cultura, don de lenguas y fuerte carácter, con tan solo 18 años, asumió el trono de Egipto, con gran reconocimiento de su pueblo. Para ello, habría de casarse uno de sus hermanos, Ptolomeo XIII. Las relaciones incestuosas en aquel momento eran consideradas como una forma de mantener la pureza de la sangre. Al poco, supo que su hermano-esposo, planeaba su asesinato, por lo que huyó a Siria. Consciente de la necesidad de un protectorado de Roma para lograr retomar el reino de Egipto, se propuso y consiguió seducir al emperador Julio César. Se dice que consiguió llegar al palacio del César envuelta en una alfombra. La desenroscarla, el emperador cayó rendido a su belleza. Iniciaron una relación, fruto de la cual nació un hijo, Cesarión. El César promovió una guerra civil, que alzó de nuevo a Cleopatra al trono. No obstante, estas acciones no fueron aprobadas por el Senado, por lo que Julio César fue asesinado por aquellos que habrían de protegerle.

Decidida a mantener el trono y con apenas 20 años, Cleopatra se dispuso a seducir a su inmediato sucesor, Marco Antonio, un militar romano de 52 años. Para ello, concertaron una reunión a la que Cleopatra acudió en un barco cuya proa se recubrió de oro, portaba velas púrpura y remos de plata, según detalla Plutarco. El flechazo sobre Antonio fue certero, y ambos comenzaron una relación que duró cerca de dos décadas, jalonada de separaciones e intensos reencuentros. De dicha unión, nacieron tres hijos, los gemelos Alejandro Helios y Cleopatra Selene y un tercero, Tolomeo Filadelfo.

Por su condición de extranjera, representar un poder monárquico frente a la República romana y su inhibición sexual que le llevaba a suceder amantes a su antojo, así como las hicieron que la relación entre Cleopatra y Marco Antonio no fuera aprobada por la ciudadanía romana. Los romanos no entendían costumbres egipcias como la momificación, así como la creencia en dioses con formas de animal. En ello se apoyó Octavio para promover la caída de la flota de Marco Antonio en la batalla de Actium. Se ha narrado que tal era la obsesión de él hacia ella que descuidó responsabilidades familiares y militares, lo que he hizo perder batallas. Ah … la mujer responsable de la desgracia del hombre, ¿dónde habré oído esto antes?

A oídos de Marco Antonio llegó la falsa noticia de que Cleopatra había muerto, lo que le llevó a suicidarse clavándose su propia espada. Enterada de la muerte de Marco Antonio y consciente del deseo de Octavio de llevarla a Roma para de exhibirla como una conquista de guerra para finalmente ser ejecutada públicamente, Cleopatra organizó su suicidio. Plutarco reflejó que Cleopatra había querido descubrir el efecto de distintos tipos de veneno, presenciando la muerte de presos capitales, lo que le llevó a la conclusión de que el inoculado a través de la picadura de un áspid, no provocaba excesivo dolor, si no más un dulce sopor. Tras un largo baño, se vistió con sus mejores atuendos, cenó y escribió una carta dirigida a Octavio, en la que pedía ser enterrada junto a Marco Antonio. Introdujo su mano en el cesto con higos en el que habían escondido el reptil y en breve, este hizo lo esperado. Idéntico final tuvieron sus os fieles sirvientas, una de las cuales tuvo tiempo de colocarle la corona antes de que el veneno le matara. Los soldados de Octavio fueron enviados con urgencia tras leer la carta, mas no pudieron evitar la victoria de Cleopatra de escapar a un final humillante. En realidad, no se ha logrado encontrar su cadáver, por lo que entra dentro de lo factible aceptar otras formas de suicidio, pero quizá por ser la más teatral, se acepta esta como la más probable. Sobre sus dos vástagos varones con Marco Antonio, probablemente no sobrevivieran por mucho tiempo pese a que su madre intentó que escaparan de Egipto antes de suicidarse. En cuanto a su hija, fue obligada más adelante a contraer matrimonio con el rey africano Juba II en Mauritania.

Esta es la historia, y este es el cuadro que representa el final de la mujer más poderosa de su tiempo. ¿No encontráis contradicciones entre historia y cuadro? Si Cleopatra, en su autoridad y dignidad de reina, se engalanó con sus mejores vestimentas para esperar la llegada de la muerte, ¿por qué el pintor, Guido Cagnacci, la representa semidesnuda? Quizá quiera redundar en la idea de mujer fatal, que ya tuviera el pueblo romano en aquella época, lo que difiere del concepto de persona sensible y culta que narra el historiador griego Plutarco. Quizá, simplemente, viniera a agradar a la visión de los señores que frecuentaban los salones en los que se exhibían las obras de los pintores.

Por otro lado, resulta llamativo el color dorado del cabello. Desde Boccaccio a Katy Perry, Cleopatra ha sido unánimemente es representada como símbolo de exotismo, poder, seducción, … y morena, nunca con cabello claro. Podría explicarse esta decisión del pintor por la influencia de los versos que el poeta napolitano Luigi Tansillo escribió para la fiesta de disfraces encargada la Marquesa de Vasto, en la que se acentúa la influencia del rubio de los cabellos como arma de seducción. También podría deberse a la influencia de los años vividos por Cagnacci en Venecia, donde varios compañeros de pincel también se sintieron atraídos en representar los últimos momentos de Cleopatra.

Rubia y hermosa, así es representada Cleopatra. Pero ¿era realmente bella esta mujer? Siendo enteramente subjetivo el concepto de belleza, lo cierto es que la forma en la que se ha representado a Cleopatra tanto en la pintura, en textos y filmografía, difiere de la que probablemente fue su verdadera anatomía. La historia la escriben los ganadores, y los soldados romanos se encargaron de destruir representaciones de la faraona egipcia, no obstante los exiguos restos de su época, en forma de grabados y monedas, Cleopatra figura con nariz prominente, mandíbula puntiaguda y labios estrechos. En el cuadro, intuimos que el veneno corre por su cuerpo hacia el corazón, pero se atisba un rastro de vida en los ojos aún entreabiertos que parecen mirar al espectador con dignidad, conservando aún la tez rosada. No obstante, el cuello ya comienza a mostrar aspecto amoratado.

En cuanto a la modelo utilizada por Cagnacci, parece tratarse de quien sería su pareja sentimental al llegar a Venecia, Magdalena Fontanafredda, quien le seguiría a Viena cuando el pintor fue requerido por Leopoldo I de Austria. Y es que el pintor no organizaba la composición de la obra en cuidadosos bocetos preparatorios, sino que optaba por trabajar directamente el lienzo con la modelo frente a él. Técnicas de reflectografía vienen a respaldar esta afirmación, al encontrarse arrepentimientos destacados en la representación de manos y rostro.
¿Y el color azul de su vestido es aleatorio? Probablemente no. Estamos ante el azul con el que se representaba a Vírgenes renacentistas, símbolo de virtud. En todo caso, la ausencia de joyas y de recargados ropajes nos alejan de la idea de estar ante una reina.

La silla de piel ribeteada con tachuelas doradas sin duda es una concesión anacrónica que se concede el pintor, que nos recuerda a las incluidas en retratos de nobles y reyes tales como Isabel la Católica o Catalina de Medici.

¿Os habéis fijado bien en la serpiente? ¿No os recuerda su forma a alguna letra? Una “L”, casualmente la primera letra del emperador Leopoldo I, mentor de Cagnacci.

Y alrededor de la figura … nada. Llama poderosamente la atención que el pintor ha desposeído de referencias históricas en el fondo que rodea la imagen de Cleopatra moribunda, alejándose de las composiciones románticas italianas del momento. Todo queda centralizado en la figura humana. Si bien en esta obra Cagnacci muestra a Cleopatra en completa soledad, reseñar que realizó numerosas obras sobre el suicido de Cleopatra en las que la representa arropada por sus numerosas sirvientas. La atmósfera teatral de la representación da cuenta de que nos encontramos ante un alumno de los hermanos Caracci, si bien se observa un mayor influjo naturalista del antagónico Caravaggio. 

El cuadro fue encargado por Leopoldo I de Austria, influido por el amor al arte que le transmitió su madrastra, la emperatriz Eleonora Gonzaga de Mantua. Se trata de una obra maestra, que inexplicablemente quedó relegada al olvido a los pocos años del fallecimiento del pintor.

Afortunadamente, fue rescatada siglos después de tan inmerecida opacidad, ocupando un lugar destacado en la Pinacoteca de Brera en Milán. Desde dicha institución, ha sido cedida temporalmente a la Frick Colletion de Nueva York, lo que permitirá descubrir y disfrutar la obra de este genial pintor al otro lado del Atlántico.

María Gonzaga
15 de septiembre de 2018

Bibliografía:

"Pinacotena di Brera". Ed. Skira.
"The death of Cleopatra". Ed. Skira.