La (no) sonrisa en el retrato.

En la actualidad la mayoría de los retratos intentan reflejar una imagen afable del retratado, mostrando en ocasiones una sonrisa. No siempre ha sido así en la Historia de la pintura, y de ello nos percatamos si paseamos por cualquiera de los grandes museos del mundo.

Varias son las razones que vendrían a explicar que los retratados mantuvieran gesto serio, introspectivo o melancólico. Desde un punto de vista eminentemente práctico, obligar al modelo a pasar largas obras posando, harían que una sonrisa tornase en mueca, restando naturalidad. Por otro lado, aunque apenas accedían a disponer de un retrato las clases más pudientes, era en sí un momento muy significativo en cuanto a reflejo de su estatus y consideraban que un gesto ladeado y serio reforzaba esta imagen. No podemos pasar por alto que las condiciones alimenticias e higiénicas no eran las actuales, motivo por el cual era frecuente llegar a la mediana edad con numerosas pérdidas dentales o piezas en mal estado.

Caben famosas excepciones, como el caso de "La Gioconda", obra de Leonardo da Vinci (Museo del Louvre, Paris). Leonardo se sirvió de la modelo Lisa di Antomaria Gherardini, si bien existe la teoría de que realizó el ejercicio de fundir en el lienzo parte de la fisonomía de la mujer con la sonrisa de su más cercano aprendiz. De ser cierta esta creencia, contribuiría a explicar la sensación de extrañeza de la imagen. Ahora bien ¿podemos afirmar que verdaderamente sonríe? La maestría en el manejo de la técnica del esfumado (sfumato, en italiano) hace que el contorno sea impreciso, que no permite responder con rotundidad la pregunta. 

Los casos de sonrisa abierta son escasos, ya que este gesto tan humano era considerado una falta de decoro y educación, quedando relegado a la representación de personas de clases bajas, borrachos, enfermos mentales o prostitutas. 

Así por ejemplo, nos encontramos con el retrato de Juan "Calabacillas" realizado por Diego Velázquez (Museo del Prado, Madrid). Se trata de uno de los bufones reales, al que el genio de la pintura representa sonriendo de forma infantil con enorme sensibilidad y respeto.

Otro ejemplo ejecutado por Velázquez lo encontramos en"El triunfo de Baco", también conocido popularmente como "Los borrachos" (museo del Prado). Junto al Dios del vino se encuentra un personaje de mejillas sonrosadas y amplia sonrisa portando un recipiente con dicho caldo.

La sonrisa en los retratos de mujeres se consideraba indicativo de provocación e indecencia. Así lo encontramos en el retrato de "La Bohémienne" ("La gitana" aunque muy probablemente se trate de una cortesana) de Fran Hals (museo del Louvre, Paris). Este retratista mundano, evoca una mujer de mala vida sirviéndose de una pícara sonrisa así como por la dirección de la luz hacia su generoso escote.

Rembrant representó escasas sonrisas, aunque encontramos alguna excepción en alguno de sus autoretratos hacia el final de su vida, como "Autoretrato riéndose" (figura en manos privadas), donde estuvo acechado por el infortunio económico. ¿Quizá aceptaba con guasa su precaria situación? En "Retrato con Saskia en las rodillas" (Gemaldegalerie Alte Meister, Dresde, Alemania) , encontramos una composición extraña. Tanto el pintor como su esposa figuran sentados de espaldas, aunque giran la cabeza para para mirar al espectador. Ella con rostro serio, y él con tono burlón, mostrando incluso los dientes en una socarrona sonrisa mientras brinda con una cerveza. ¿Querría fanfarronear de su estatus económico tras las nupcias con la acaudalada esposa, siendo él descendiente de un humilde molinero? El anacronismo de las ropas y el sombrero utilizado, vendrían a respaldar esta idea de alarde económico.

Bartolomé Esteban Murillo, maestro sevillano del tenebrismo, reflejó medias sonrisas en alguna de sus representaciones marianas y sonrisas abiertas en representaciones de niños (quien sabe si en recuerdo de su hijo fallecido). Así figura, entre otros, en "Niño riendo asomado a la ventana" (National Gallery, Londres).

Pero como la vida, la Pintura evoluciona y de gestos serios o medias sonrisas, llegamos a representaciones completamente opuestas tal y como aparecen en las psicodélicas obras del japonés Takashi Murakami. Considerado el Andy Wharhol japonés, el artista representa sonrisas irritantes en personajes con inspiración manga y futurista.

María Gonzaga

1 de julio de 2019