"La Primavera", 1477 - 1482. Sandro Botticelli.

Pintura al temple sobre tabla. 203 * 314 cm.

Galería Uffizi. Florencia, España.

Sandro Botticelli (Florencia, Italia, 1445 - 1510).

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Alegoría de la primavera” o más conocido como “La primavera” es una de las obras más conocidas del maestro renacentista italiano conocido como Sandro Botticelli. Fue encargada por el primo de Lorenzo el Magnífico, gobernante de facto de la República de Florencia e importante mecenas de artes, para adornar su Villa di Castello. El historiador Giorgio Vasari, la incluyó en sus escritos, aunque su sentido general aún se mantiene como un misterio.

La composición propone una visión de derecha a izquierda, comenzando con Céfiro y terminando con Mercurio en el extremo izquierdo. En el centro de la composición tenemos a Venus, la Afrotita griega, gobernanta de los placeres del amor, que parecería rodeada de un arco de Mirto, símbolo de la fidelidad y la fecundidad. Venus también sería protagonista de otras obras del artista, como “El nacimiento de Venus”. En ese caso, la diosa levanta su mano derecha mientras observa al espectador. ¿Lo está saludando? Se atribuye la presencia de Venus como mediadora en el desenfreno amoroso entre Céfiro y Cloris.

En el lado derecho, tenemos a Céfiro, quien representa el viento del oeste. Su soplo difunde las semillas que darán vida a nuevos elementos de la Naturaleza. Se le atribuye casamiento con la ninfa Cloris, deidad griega de los jardines, a quien sostiene con sus manos en esta imagen. De la unión de ambos nacieron la madre de la primavera y Carpo, dios de las frutas, motivo por el cual el pintor representa frutas en la boca de Cloris mientras mira a Céfiro sobre ella. Cloris se apoya sobre Flora, su equivalente como diosa romana de las flores, los jardines y la primavera, alegoría de la renovación del ciclo de la vida. “Yo era Cloris, que ahora me llamo Flora” canta Ovidio. Flora esparce flores, quizá símbolo de la ciudad de Florencia.

A la izquierda de Venus, encontramos tres gracias, que entrelazan sus manos, apenas vestidas con vaporosas gasas que dejan entrever sus jóvenes cuerpos. Representan la belleza, el amor y la castidad, aunque existe la corriente de considerar que representan las ciudades de Pisa, Nápoles y Génova. Junto a ellas el personaje de Mercurio, mensajero de los dioses, agita las nubes con una vara, infundiendo el sueño de Morfeo. Lleva su característico sombrero y sandalias con alas que facilitan su viaje.

Sobre Venus, su hijo Eros, el Amor, fruto de su encuentro con Marte, dios de la guerra. El pequeño tiene cubiertos sus ojos con una venda, y dirige a ciegas su flecha en llamas hacia una de las tres gracias, que quedarán bajo el influjo del deseo amoroso.

Los personajes han sido representados en un formato monumental, escultórico sin escatimar atenciones por el detalle. Así podemos observar piezas de orfebrería incrustadas en el casco o la empuñadura de la espada de Mercurio, y cadenas y broches en las Gracias. Todos ellos tienen figura estilizada en base a una belleza idealizada, pareciendo que los cuerpos emanan luz, más que si realmente la recibieran. Se encavan en un teatral bosque de naranjos, laureles, pinos e incluso de un sagrado mirto, sobre un suelo cuajado de margaritas, violetas, rosas y demás flores propias de la toscana.

Alessandro di Mariano di Vanni Filipepi, conocido bajo el pseudónimo de Sandro Botticelli, nació en la ciudad de Florencia a mediados del siglo XV. Pronto destacó su habilidad con el dibujo, por lo que pasó a recibir clases de distintos maestros, entre los que se encontraba Filippo Lippi, uno de los miembros de la denominada “primera generación florentina”, caracterizada por el gusto del estilo refinado y majestuoso burgués. Pero su fuerte personalidad hizo que eludiera de influencias de maestros y siguiera su propio estilo, enmarcado en el ítalo gótico trecentista. Este muestra mayor inclinación hacia el dibujo que sobre el color, en composiciones lineales, estilizadas y con sensuales tintes femeninos, liderando la impronta de la ·segunda generación florentina”. Su carrera transcurrió fundamentalmente en Florencia, aunque también realizó significativos trabajos en Roma, como en la Capilla Sixtina. Con la llegada a la ciudad de Leonardo da Vinci, Botticelli fue poco a poco siendo relegado, y tras su óbito, su obra cayó en el olvido. No obstante, la corriente prerrafaelista del siglo XIX recuperó su memoria.

 

María Gonzaga

23 de diciembre  de 2020

Bibliografía consultada:

“Botticelli”. Barbara Deimling. Ed. Taschen.

“Sandro Botticelli”. Aby Warburg. Ed. Casimiro Libros.