"La Virgen del árbol seco", 1465. Petrus Christus.

Óleo sobre tabla de roble. 7,4 x 12,4 cm.

Museo Thyssen-Bornemizsa. Madrid, España.

Petrus Christus (Baarle-Hertog, Bélgica, 1410 - Brujas, Bélgica, 1475)

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Nos encontramos ante una miniaturesca “pintura de devoción” bajo una curiosa composición, en la que sobre un fondo plano en negro, se sitúa la Virgen María sosteniendo en brazos al niño Jesús, sobre el tronco de un árbol. Las ramas de este, se encuentran secas y se entrelazan conformando un círculo que se asemeja a la futura corona de espinas que le podrían a Jesús en la Pasión. No hay hoja alguna en las ramas, pero sí letras “a” doradas. La luz incide tal solo en los rostros y cuerpo del pequeño, con apenas ligero resplandor en las ramas, quedando el resto en penumbra y oscuridad.

La obra fue realizada por Petrus Christus para la aristocrática ”Cofradía de Nuestra Señora del Árbol Seco” de Brujas, a la que pertenecían los Duques de Borgoña, de la que tanto él como su esposa eran miembros. También formaba parte de la “Cofradía de Nuestra Señora de las Nieves”, evidenciando su buena relación con las autoridades y su fervor religioso. Se piensa que puede tratarse del árbol del conocimiento del Jardín del Edén del que se habla en el libro de Ezequiel (17, 24), seco tras el pecado original y que solo volvería a florecer tras la llegada del Mesías. No obstante, existen especialistas en Arte que desatienden esta creencia, tendentes a la hipótesis basada en la leyenda de la concepción de la Virgen cuando su madre, Ana, era estéril. Dada la pertenencia del pintor a círculos religiosos, puede cobrar fuerza esta idea, que muestra a María como paradigma de virginidad, que además de ser concebida “sin pecado”, también fue concebida “libre de mancha”.

Las quince letras “a” podrían aludir al “ave” o “ave María”, en relación a los ciento cincuenta avemarías que se rezaban en el Rosario. También existe otra creencia que indica que podría representar la palabra “árbol” o “arbore” que enmarca la composición. El dominio del claroscuro y la geometría aporta sensación de tridimensionalidad, de la que tanto se sirvió tanto en esta como en otras obras. Recordemos otro ejemplo, en la obra “Retrato de un cartujo” (Museo Metropolitano de Arte, Nueva York, Estados Unidos), en el que parece que una mosca se ha posado sobre el marco en el que incluye su firma.

Los personajes han sido representados con idealizada y armónica belleza, probablemente influjo de otras representaciones marianas por parte de Hans Memling. De forma ilusionista, Jesús parece suspendido frente a su madre, que tan solo parece sostenerlo ligeramente del costado con su brazo derecho, mientras que el izquierdo permanece libre para solo acariciar el pie del pequeño. Tanto la mirada como la complacencia de la sonrisa de Jesús, parecen impropias de un niño, como inusual parecen los pliegues del manto de María, que se asemejan más a una representación escultórica. El color rojo del ropaje insiste en la idea de sacrificio a la que alude la corona de espinas que evocan las ramas, remitiendo con ello a la salvación que llegará a través del fruto de su vientre.

El estudio radiográfico muestra escaso trabajo preparatorio, más allá de pocas líneas en las que encajar la representación, lo que le acerca al trabajo directo de la miniatura y los manuscritos iluminados de la época.

Tras diversos avatares del tiempo, la obra pasó a manos privadas en Bélgica y posteriormente pasó a formar parte de la colección privada del barón Thyssen-Bornemizsa en 1965. Actualmente puede ser contemplada en el Museo Thyssen-Bornemizsa en Madrid.

María Gonzaga

23 de mayo de 2020

Bibliografía consultada:

“Petrus Christus: Renaissance Master of Bruges”. Maryan Wynn Aunsworth.

“El arte en la baja edad media Occidental: Arquitectura, escultura y pintura”. Ed. Ramón Areces.

Iconografía del arte cristiano. Ed. El Serbal.