"La Virgen griega", ha. 1460 - 1470. Giovanni Bellini, pintor de Madonnas.

Pintura al temple sobre madera. 82 * 86 cm.
Pinacoteca di Brera, Milán, Italia.

Giovanni Bellini (Venecia, Italia, 1430 – 1516).

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La Virgen griega” debe su nombre a los monogramas en inscripción griega que aparecen pintados a ambos lados de la obra. En ella, se nos muestra a María sosteniendo al Niño entre sus manos, mientras este parecería reposar sus pies sobre el marco del cuadro. La imagen tiene la fuerza y estatismo de los iconos bizantinos, sobre la que el pintor ha incluido sensación volumétrica. Madre e hijo no se miran pero se percibe la ternura en el tierno abrazo con el que ella acoge al pequeño. Ambos muestran expresión triste, conocedores del duro destino que les aguarda.

Giovanni Bellini, también conocido como Giambellino, nació en la ciudad de Venecia, siendo hijo y hermano de artistas. Fue en el taller de su padre, Jacopo Bellini, donde tanto él como su hermano, Bellini Gentil, aprenderían dibujo y pintura, así como la técnica de los aceites y pigmentos.

Ejercería no solo como pintor, sino también como maestro de esta técnica, contando entre sus alumnos a Tiziano, Sebastiano del Piombo y Giorgione. En el comienzo de su carrera realizó replicas de obras de otros artistas, como las de su cuñado, Andrea Mategna, y no pocos dibujos que figuran entre los mejores del Renacimiento. Evolucionaría posteriormente hacia un estilo propio, realizando numerosas Madonnas en las que sobre la base de la rígida inspiración bizantina de los iconos, incorpora el detallismo y profundidad flamencas gracias a que fue uno de lo pioneros en la transición del temple al óleo procedente de la escuela flamenca. La enorme demanda de arte religioso, le llevó a realizar numerosas piedades, investigando la relación madre-hijo, tanto en retablos como murales al fresco. Sentiría fuerte atracción por el trabajo de Piero della Francesca en la aplicación de las leyes de perspectiva, contribuyendo ambos a la maduración del arte Renacentista en Venecia. Tal fue así, que Venecia pasó de ser considerada un centro artístico menor a una potencia del Renacimiento italiano, compitiendo con Florencia y Roma.

Ambientes atmosféricos, incorporación de elementos de la naturaleza en sus composiciones, intensidad cromática, transparencias, y evolución hacia temas mitológicos con abundantes desnudos caracterizan la factura de Bellini, y serían germen del manierismo que vendría poco después. Bellini seguiría ocupado en incontables encargos hasta el final de sus días. No en vano, el pintor y grabador alemán Alberto Durero, lo definiría como “el mejor pintor de todos”, y el biógrafo Giorgo Vasari lo incluiría en sus obras.

Buena parte de las obras de Bellini no han llegado hasta nuestros días por el efecto del paso del tiempo y la humedad sobre el temple, así como otras circunstancias, como incendios. Las que se conservan, cuelgan de los más importantes museos del mundo, como el Museo del Louvre (Paris), la National Gallery (Londres), la Pinacoteca di Brera (Milán), Metropolitan Museum of Art (Nueva York), National Gallery of Art (Washington) o la Gallerie dell’Accademia (Venecia), entre otros muchos. 

María Gonzaga

23 de diciembre de 2020