Las turbulencias de Van Gogh.

Si observamos el cielo de “La noche estrellada” de Vincent Van Gogh, podría susticitarnos la duda si son obra de una apreciación enferma de la realidad por parte del artista. No obstante, reciente estudios científicos, han acreditado que las turbulencias reflejadas por el artista holandés, reflejan a la perfección los movimientos atmosféricos y los de las aguas.

La revista Nature, basó su estudio en tres obras de Van Gogh, “La noche estrellada” (1889), “Campo de trigo con cuervos” (1890) y “Camino con ciprés y estrella” (1890), realizadas durante su ingreso en el sanatorio mental de Saint-Paul-de-Mausole en Arlés, ya próximo a su fallecimiento en 1892. Es conocido que sufría de episodios psicóticos en los que tenía alucinaciones y lapsus de conciencia, quizá indicios de una probable epilepsia.

Curiosamente estas turbulencias no aparecen en las obras realizadas en estadios de calma psicológica, tal como ocurre en “Autorretrato con pipa y oreja vendada”, que dijo haber realizado en estado de “calma absoluta” efecto de la medicación que estaba tomando en aquel momento.

Las turbulencias fueron descritas matemáticamente por el matemático ruso Andréi Kolmogórov, que determinó como identificar la diferencia de velocidad entre dos puntos concretos dentro de un fluido. A esta relación, se le denomina escala de Kolmogórov. Para el estudio, los investigadores tomaron imágenes digitales de diversas partes de las obras y calcularon la probabilidad de que dos pixeles a una cierta distancia tuvieran el mismo brillo o luminiscencia. Ocurre que el ojo humano es más sensible a la luminosidad que al color y es precisamente la luminancia la que nos define la dimensionalidad y el movimiento. De esta forma se demostró que el trabajo de van Gogh se adapta a la escala de Kolmogórov en la distribución lumínica. Para el ojo, esta secuencia se observa en remolinos de distintos tamaños, siendo van Gogh el único pintor que se ajusta con preción a la descripción matemática de las turbulencias. Podríamos pensar en otro artista de obra tumultuosa, como es Edvard Munch, pero los estudios científicos de su famosa obra “El grito”, afirman que no se ajusta a la escala de Kolmogorov.

Posteriores estudios en el mismo sentido por parte de científicos de la Universidad Nacional de Australia, refrendaron la anterior afirmación sobre la obra de van Vogh, añadiendo la semejanza encontrada en las nubes moleculares que dan origen a las estrellas. Así lo acreditan las imágenes publicadas por la NASA de la estrella V838 Monocerotis, muy semejantes a lo contemplado en “La noche estrellada”.

¿Tienen pues ciencia y arte una misma motivación? Resulta innegable que sí comparten el mismo principio de la observación, para posteriormente, reproducirlo. En todo caso, cabe resaltar que el artista se adelantó a la ciencia 50 años en el entendimiento intuitivo del concepto de turbulencia. 

 

María Gonzaga

7 de mayo de 2020

Bibliografía consultada:

Artículo de la revista Nature, “Van Gogh painted perfect turbulence”, por Philip Ball (7 de julio de 2006).