"Liz", 1965. Andy Wharhol, creador de iconos psicodélicos.

Serigrafía sobre tela. 55,9 * 55,2 cm.

Andy Wharhol (Pittsburg, EEUU, 1928 – Nueva York, EEUU, 1987).

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La obra “Liz” fue realizada en 1965 para formar parte de una exposición, representando como un icono de la sociedad de consumo y la apariencia a la emblemática actriz norteamericana Elizabeth Taylor. No sería el primer retrato que el artista pop Andy Wharhol realizaría sobre ella. El primero lo ejecutó en 1963 en el punto más álgido de la carrera artística de Taylor, coincidente con una seria afección médica por pulmonía. La fascinación del pintor por las celebrities y la muerte comenzó tiempo atrás, representando primeramente a Marilyn Monroe y posteriormente con el suicidio de esta en 1962. Para “Liz”, Wharhol empleó la fotografía publicitaria de la película “Una mujer marcada” (en inglés, “BUtterfiel 8”) protagonizada por Taylor, mostrándola con vibrantes colores que recuerdan carteles luminosos. Poco después, Wharhol anunciaría su retirada del mundo del arte.

Andrew Wharhola fue el tercer hijo de una humilde familia emigrada a Estados Unidos desde la antigua República Eslovaca. Su padre trabajaba como minero de carbón en la ciudad industrial de Pittsburgh, mientras que su madre, llegada a EEUU con posterioridad, tras el asentamiento del progenitor, se hacía cargo del cuidado familiar. La infancia del pequeño Andy fue complicada. Acusó movimientos espasmódicos de las extremidades, el comúnmente llamado “baile de San Vito”. Igualmente, presentaba desórdenes de pigmentación y un cabello blanquecino. Las recurrentes estancias en hospitales y reposos caseros, desarrollaron un vínculo muy intenso con su madre que duraría hasta el final de sus días, así como una marcada timidez, hipocondría y terror por los hospitales. Lo único que rompía la rutina del pequeño, era la lectura y el dibujo, así como la asistencia familiar a la parroquia cercana. Probablemente estas circunstancias esculpieron una personalidad difícil de descubrir, pues el Wharhol adulto evitaba mostrar su interior, con medias verdades o incluso mentiras.

Su padre supo ver que Andrew tenía una creatividad particular, y así aventuraba a sus hermanos que “algún día, nos sentiremos orgullosos de Andy”. Por desgracia, el progenitor no llegó a verlo, falleció tempranamente. La familia sufrió pobreza ya que a la pérdida del padre, se unió la crisis económica del país. Se afirma que Andy se propuso que algún día él conseguiría acabar con las penurias económicas de su familia, como así sería.

Tras la educación primaria, Andy se matriculó en estudios de Arte comercial en su ciudad natal. Pronto se mudó a la ciudad de los rascacielos construidos con el acero de Pittsburg, Nueva York, donde obtuvo trabajo como publicista e ilustrador. Obtuvo tempranamente reconocimiento de su trabajo. El burbujeante mundo del arte pop que se comenzaba a gestar en la ciudad de los rascacielos, atrajo a Wharhol, hasta el punto de decidirle a comenzar carrera en el mismo. Pop era la abreviatura de “popular”, es decir, unido al producto en serie y la masificación. En los inicios de dicha trayectoria, produjo la mencionada serie de 32 latas de sopa Campbell. La cálida acogida por parte de los visitantes a la exposición, motivaron a Wharhol a profundizar en la temática de artículos de acceso y/o consumo común, como las botellas de Coca-Cola, o billetes de dólar. Tan americano como la silla eléctrica, que también fue objeto de sus imágenes. A raíz de aparecer su apellido en un diario americano conteniendo un error tipográfico (eliminando la “a” final), donde Andy decidió acoger “Wharhol” como su apellido, pareciendo más estadounidense.

Su madre, junto con otros miembros de su familia, pronto se mudaron junto a Andrew, en la sensación católica de mantener la familia unida. Sus sobrinos trabajaban en el taller, tensando lienzos, preparando mezclas, …

Al quedarse pequeño el taller en el que venía desarrollando sus obras, adquirió los restos de un viejo y desvencijado edificio. Supo ver que sería el lugar perfecto en el que crear un espacio de co-creación propio pero también de muchos artistas modernistas. El edificio fue restaurado y cubierto en colores plateados, pasando a llamarse The Factory. En poco tiempo la ubicación se fue quedando pequeña para albergar producción y artistas, por lo que su traspasándose a lo largo de distintas localizaciones. La Fábrica no solo fue lugar de trabajo, también sede de múltiples encuentros y eventos de artistas y celebrities, donde fluía alcohol y droga en un ambiente psicodélico. Wharhol no ocultó su condición homosexual, lo mismo que no ocultaba la necesidad de acudir a la iglesia semanalmente.

Wharhol practicó su creatividad a través de diversas técnicas: dibujo, pintura, serigrafía, litografía, fotografía, escultura e incluso cine,y recibió encargos, entre otros, de The Rolling Stones, Diana Ross, John Lennon, la empresa BMW.

Fue descubridor de nuevos artistas, como el malogrado Jean-Michel Basquiat o la banda The Velvet Underground (compuesta en aquellos momentos por Lour Reed, John Cale, Sterling Morrison y Maureen Tucker).

El día previo al asesinato de Robert Kennedy, Wharhol fue víctima de un atentado por parte de una mujer desequilibrada. El disparo le atravesó cinco órganos, y llegaron a darle por muerto. Una larga operación logró evitarlo. Tras despertar del coma, escuchó a lo lejos retrasmitir la noticia del asesinato de Kennedy, aunque él creyó que estaban hablando de su propia muerte.

Pese a todo, Wharhol no quiso presentar cargos contra la mujer. Hay quienes afirman que su producción decaería tras el suceso. Puede ocurrir que el contacto con la muerte propia, así como el fallecimiento de su madre, hecho sobre el que nunca se pronunció, le hicieran bordear una depresión. Más consciente de lo efímero del tiempo, comenzó una obsesión por grabar y fotografiar con su famosa Polaroid cuando ocurría en la inocente creencia de que así no escaparía de sus manos.

Con apenas 59 años, Andrew Wharhol fallece en Nueva York como consecuencia de una arrítmica post-operatoria.

Artista controvertido, su obra cuenta con detractores que cuestionan los motivos de sus imágenes, arguyendo que elementos tan vulgares como las latas de Coca-Cola o de sopa, o imágenes de celebridades desde un punto de vista frívolo, no liga con la idea de que el Arte ha de perseguir un fin superior al meramente estético. Se dice que al final de su carrera, provocaba encuentros con empresarios, diseñadores, actores y músicos para lograr su beneplácito en utilizar su imagen para sus particulares retratos.

Por otro lado, también se cuestiona en algunos ámbitos la valía técnica de su ejecución, acusándole de excesiva tecnificación para ejecutar su obra.

Se le acusa de “monotonía” y “repetición”. Agrade o no, lo cierto es que no hay lugar de controversia en este sentido. Partiendo de las numerosas latas de sopa con la que inició los años 60, tras un breve receso, las retomó en los años 70, invirtiéndolas y revirtiéndolas. Otras reproducciones en cadena de imágenes las encontramos en retratos pop, entre otros, de Marilyn Monroe, Mao Tse Tung, Elvis Presley.

Polémicas aparte, es de justo reconocimiento que Andy Wharhol vino a potenciar una nueva forma de arte, que con menor impulso habían lanzado precursores suyos, como Roy Lichtenstein. Defendía que el arte pop reivindicaba el “mundo hacia afuera”, la dignidad de los objetos cotidianos frente al preciosismo y romanticismo de corrientes artísticas clásicas. Un arte diferente, ni mejor, ni peor, en una sociedad en la que “todos seremos famosos al menos durante 15 minutos”.

María Gonzaga

23 de diciembre de 2020 

Bibliografía consultada:

Andy Wharhol”. Klaus Honnef. Ed. Taschen.

Documental “Andy Wharhol, un profeta americano”.