"Maroussia", 1913. Elena Kiseleva, talento innato por el desague.

Museo Kramskoy, Voronezh, Rusia.

Elena Andreevna Kiseleva (Voronezh, Rusia, 1878 – Belgrado, Serbia, 1974).

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En el centro neurálgico de la Rusia europea, nace en 1878 Elena Andreevna Kiseleva. Su padre fue un reconocido profesor y matemático, mientras que su madre de dedicó a labores de beneficiencia. La mentalidad abierta y progresista del matrimonio les impulsó a abrir una escuela en la que dar clases a niños de familias campesinas, que tras la Revolución, se convertiría en un orfanato. A partir de 1922, la familia se traslada a Leningrado.

Desde muy pequeña, Elena recibió clases de dibujo entre otras disciplinas, como la matemática (siendo como era hija de un famoso matemático) y la gimnasia de mujeres. Tras sufrir tifus, Elena decidió encaminar sus pasos hacia el arte, matriculándose en la Escuela Superior de Arte de la Academia de Artes. Apenas dos años más tarde, tuvo oportunidad de ser alumna en el taller del gran pintor Ilya Repin, que pronto supo ver el genio artístico de Elena. Por este motivo, Elena colaboró en la elaboración de varios dioramas con motivo del 200 aniversario de la creación de San Petesburgo.

Fue la primera mujer en graduarse en la Academia de Bellas Artes con honores, lo que le otorgaba una beca para ampliar estudios en el extranjero. Eligió París  y posteriormente Italia, regresando posteriormente a Rusia.

Vivió y trabajó activamente en distintas ciudades europeas: Munich, París, Roma, … El éxito de público y crítica de arte siempre estuvo de su parte, reforzado por el elogio público de su mentor Ilya Repin.

Según palabras de la artista, “me fascina retratar mujeres. Cuando conozco una bella mujer, me gustaría que escribiera”. No le interesaba el paisaje, “siempre realizo retratos de corazón”. Realizaba obras brillantes, armónicos y elegantes, en los que nada sobra ni falta. Con pincelada ágil y libre, empleaba con fuerza el color como era tendencia en el grupo Nabi y los Fauves, impregnando un aire de costumbrismo ruso. Ejemplo de ello, es “Maroussia” (1913), la obra que antecede este artículo.

Lo expuesto hasta aquí nos conduce a una pregunta: ¿cómo es posible que ese genio artístico se truncara y apenas haya llegado a nuestro conocimiento la existencia de esta pintora? La respuesta se encuentra en el mal tino en la elección de sus parejas. Su primer marido, gustaba de disfrutar de lujos lejos de su alcance, lo que llevó a la quiebra su economía familiar. Elena tuvo que poner el servicio de sus pinceles a fines comerciales para poder pagar facturas, alejándose de su creatividad interior. En otro orden de cosas, su segundo marido tampoco propició que Elena pudiera retomar su pasión por el arte. La pareja tuvo un hijo y se trasladó a Belgrado, donde el marido obtuvo plaza en la Universidad, alejándose de los círculos artísticos. Los quehaceres domésticos y el cuidado del pequeño, recayeron en su totalidad sobre Elena. Entre coladas, su ilusión por el arte se fue por el desagüe. Al tiempo que decaía su producción artística, menguaban los encargos y propuestas de exhibiciones, algo que entristeció a su maestro, Ilya Repin: “no puede ser verdad que dejes de pintar, nunca lo hubiera imaginado, tienes demasiado talento para ello, deseo que nos hagas felices pintando nuevos trabajos”. Ella se lamentaba respondiéndole: “todo en la casa recae sobre mí, estoy sobrepasada. Y ya nadie está interesado en la artista Kiseleva, ya nadie me invita a exponer”.

Durante el transcurso de la segunda guerra mundial, el territorio de Serbia cayó bajo la ocupación alemana. Su hijo y nuera fueron llevados a un campo de concentración. Un año antes de finalizar la guerra, falleció su hijo. Esto motivó en Elena la realización de la que sería su última obra: “Retrato de mi hijo en su lecho de muerte” (1944), que colgó en la pared de su habitación. A su muerte, siguiendo sus deseos, la obra fue quemada.

En 1970 se divorciaría de su marido, transcurriendo el resto de su vida en soledad, al cuidado de su jardín.

Como tantas otras mujeres pintoras, no pudo desarrollar plenamente su enorme capacidad artística. Valga desde aquí, mi sentido homenaje.

María Gonzaga

15 de marzo de 2020