"Muchacha al despertar", 1877-78. Eva Gonzalès, suspiro impresionista.

Óleo sobre lienzo. 81,1 × 100,1 cm
Kunsthalle. Bremen, Alemania

Eva Gonzalès (París, Francia, 1849 – 1883).
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 A mediados del siglo XIX nace en París Eva Carola Jeanne Emmanuela Antoinette Gonzàles, hija del escritor de origen español Enmanuel Gonzalès y la pianista belga Marie Célibe Ragaut. Pertenecían a una burguesía acomodada, que disfrutaba de una cuidada educación en ámbitos artísticos. La familia tenía relación de amistad con diversos intelectuales parisinos, de forma que la pequeña Eva tuvo estímulos favorables que la inclinaron al mundo de la pintura.

Con dieciséis años, comenzó a recibir clases de pintura del maestro Charles Joshua Chaplin. Recordemos que la Academia de Bellas Artes de París no admitió mujeres en su alumnado hasta 1897, de forma que la formación debía tener un carácter privado. Chaplin fue un hombre avanzado a sus tiempos, que desarrolló un programa de formación exclusivo para mujeres, como ya expliqué en el artículo sobre su sobrina, Elizabeth Chaplin.

Cuatro años más tarde, Eva sería alumna del pintor impresionista Édouard Manet. En el taller del maestro conocería a quien se convertiría en rival, Berthe Morisot, a quien dediqué un un artículo en este blog, cuñada de Manet. Eva y Berthe serían copistas de grandes obras expuestas en el museo del Louvre, al igual que ambas serían musas del pintor en varias de sus más renombradas obras. Así la podemos ver en el retrato de 1870 que le realizó en pintor, mostrándola frente a su caballete, a modo de reconocimiento de su meritocracia artística.

La obra de Gonzalès fue reconocida en el Salón de París de 1876, con su obra “El soldadito”. La sólida huella de la educación académica de los dos maestros de los que fue pupila, no impidió que su trabajo evolucionara bajo la influencia de Degas.

La artista representó el renovado París tras el Plan Urbanístico de Haussmann (1848-1870), pero también escenas de interior, como se consideraba adecuado en las mujeres de la época, cuyo grado de emancipación era prácticamente nulo.

En la obra que precede a este artículo, “Muchacha al despertar”, La artista nos muestra una escena intimista, en la que una mujer reposa sobre su cama mientras recibe los rayos de sol. Muestra su dominio del dibujo, como evidencia la taracea perfecta de la mesita de noche o el ramo de lilas, logrando una perfecta sensación volumétrica. La pincelada en los primeros planos es perfilada, pasando a tener carácter abocetado en el camisón y el fondo de la estancia, logrando profundidad.La maestría de Gonzalès se constata en el empleo del color blanco, así como en la ejecución de las sombras coloreadas, tan características del impresionismo.

La vida le sería arrebatada a los treinta y un años tras sufrir una embolia consecuencia del dificultoso parto de su única hija. Eva Gonzalès, un suspiro impresionista.

María Gonzaga

4 de abril  de 2020