"Piezas anatómicas", 1818-20. Théodore Géricault, turbador realismo anatómico.

Óleo sobre lienzo. 52 * 64 cm.
Museo Frabre. Montpellier, Francia.

Jean-Louis Théodore Géricault (Ruan, Francia, 1791 – París, Francia, 1824).

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Una selección de miembros seccionados de un ser humano conforman este patético bodegón. Ocupan la totalidad del lienzo, sin dejar aire a su alrededor, forzando al espectador a ver tan monstruosa escena. La teatralizada luz que ilumina la imagen y el forzado primer plano, elimina cualquier sentimentalismo, como queriendo reducir la consideración del humano a meras piezas. El cuadro, que refleja el pesimismo de la Francia postrevolucionaria, fue realizado con la ayuda de un amigo médico, que le facilitó el acceso a la morgue en la que estudió el proceso de descomposición de la carne humana.

Jean_Louis Théodore Géricault nació a finales del siglo XVIII en la localidad francesa de Ruan en el seno de una acomodada familia. Estudió pintura bajo la tutela de quien también fue maestro de Delacroix. Estudió la obra de Rubens, Miguel Ángel, el barroco y Constable gracias a diversos viajes a Roma, Florencia y Londres. Quiso desmarcarse de la corriente neoclásica que lideraba Jacques-Louis David y profundizar en el género del romanticismo, con escenas y personajes de la vida cotidiana de los que reivindicaba su dignidad y fuerza. Célebres fueron sus gráciles caballos. Pintaba del natural sin bosquejos previos, sirviendo de modelos moribundos, ancianos o enfermos mentales. A propósito de estos últimos realizó una serie de diez cuadros de los que tan solo cinco han llegado a nuestros días, como “Retrato de mujer loca” y “El cleptómano”. El fuerte impacto que causó en la crítica y la sociedad, le granjeó numerosos detractores, pues en la época los enfermos mentales eran considerados no humanos.

Con todo, su obra más reconocida y la que le encumbró a la fama es “La balsa de la Medusa”, sobre la que redacto un artículo en este blog. En ella, Géricault contrapone lo que sería una repugnante imagen en la que se entremezclaban vivos y muertos, pero que al tiempo resulta ser una escena tremendamente bella. Una réplica de “La balsa de la Medusa” en bajorrelieve adorna la sepultura en el cementerio parisino de Pere Laiche de este sinigual pintor, que combatió frontalmente los rígidos preceptos academicistas.

María Gonzaga

3 de octubre de 2020