"Rayos X del cráneo de M.O.", 1964. Meret Oppenheim, humor al servicio del arte.

Impresión en gelatina de plata. 24.8 × 20.3 cm.

Colección SFMOMA.

Meret Elisabeth Oppenheim (Berlín, Alemania, 1912 – Basilea, Suiza, 1985).

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Nos encontramos ante una curiosísima obra, la radiografía del cráneo de una particular mujer, Meret Oppeheim, en la que junto a los huesos del cráneo, cuello y mano, podemos observar los símbolos femeninos de anillos, pendientes de aro y colgante metálicos. Una mujer bella, optó irónicamente por ocultarnos su rostro ofreciendo en cambio la visión de su esqueleto. ¿No resulta un original y divertido autorretrato?

Meretlein Oppeheim nació en Berlín en 1913, apenas un año antes de estallar la Primera Guerra Mundial, fruto de la unión entre un médico judío y una suiza. La pequeña llevó el nombre de un personaje de ficción que habitaba de forma salvaje en el bosque. El matrimonio tuvo otros dos hijos más. La unión familiar se vio quebrada con el conflicto bélico, ya que el padre fue reclutado y la madre retornó con los pequeños a su Suiza natal.

En Basilea, Meret estuvo en contacto con el arte de forma natural, auspiciado particularmente por su tía, de estilo de vida bohemio como miembro del círculo artístico del país.

Meret conoció los escritos de Carl Jung a través de su padre. Entre otros asuntos, Jung indicaba la importancia de los sueños, como fuente de respuesta a cuestiones clave de nuestra existencia. Subyugada por las enseñanzas de Jung, Meret escribió sus sueños el resto de su vida como fuente de inspiración y renunció a los arqueotipos femenino-masculino, optando por una creatividad andrógina.

Con dieciocho años, Meret cambia su residencia a París, donde recibiría clases de pintura. Tendría como estudio una habitación de hotel. Pronto conoció a Alberto Giacometti,  Marcel Duchamp, Max Ernst, André Breton, Pablo Picasso y Man Ray entre otros. De este último, sería musa, como así lo muestra la serie de retratos en los que aparece desnuda interactuando con una imprenta.

Icónica es su escultura “Objeto 1936”, también conocida como “la taza de Oppeheim”. La idea le surgió en la hilaridad de un almuerzo con Pablo Picasso y su pareja del momento, Dora Maar en el café Deux Magots. El pintor malagueño, impresionado por el abrigo de piel que portaba la joven artista de veintitrés años, le dijo “todo puede ser cubierto por pieles”. Ella le inquirió “¿todo, incluso esta taza y este plato? Así no se me enfriaría el café …”. Dicho y hecho, de esta forma surgió su icónica obra en la que cubría con piel de gacela un plato, una taza y una cuchara, con la que se granjeó la simpatía del círculo surrealista. El pintor francés se refería a ella como “Desayuno con pieles”. Inspira sensaciones contrapuestas. Cierto es que la piel resulta agradable al tacto, pero no así cuando se pone sobre los labios. Por otro lado, confronta lo civilizado con lo primitivo, quizá en alusión al sexo. La obra se encuentra en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.

Pronto le vendría el éxito en las exposiciones que realizó en París, Nueva York y Basilea. En sus obras, juega con la sexualidad, la explotación y la feminidad, así como también con el balanceo entre vida y muerte. Todo ello, con la frescura de su juventud, su encanto y apertura de mente. Empleó como modelos objetos domésticos, dándoles en ocasiones un sentido erótico. También mujeres, reivindicando que “la libertad no te la dan, te la tomas”.

Pero pronto comenzó también el temor de la artista en cuanto a su evolución creativa. Llegó a destruir numerosas obras, sufriendo una crisis de inspiración con episodios depresivos que mermarían su estabilidad económica. Para paliar la difícil situación, comenzó a trabajar como conservadora de arte.

Con el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, su padre fue despedido de su empleo como médico por su condición de judío, debiendo emigrar a Suiza. Meret fijaría su residencia en Berna, donde residiría hasta su fallecimiento. Colaboró en la elaboración del atrezzo de representaciones teatrales con objeto meramente económico, y en 1956 realizaría la performance “El Festín”, en la que se ofrecía comida sobre el cuerpo de una mujer tumbada con el rostro cubierto de pintura. Las críticas no se hicieron esperar, atribuyéndole utilizar el cuerpo femenino como objeto a devorar. Nada más alejado de la realidad, ya que es incuestionable el papel feminista que ejerció durante toda su vida. Incitaba a las mujeres “a demostrar a la sociedad la invalidez de los tabúes de adoptar modelos de vida tradicional” y a utilizar sin miedo su fuerza creativa.

Recibió numerosos reconocimientos, como el Premio de Arte de la ciudad de Basilea o el Kunstpreis berlinés, así como particulares encargos, como el de construir una fuente una de las plazas principales de la ciudad. Para ello, la artista realizó una columna en hormigón, circundada por canales de agua de los que crecían algas, musgo y otras plantas, a modo de unión entre la ciudad y la naturaleza.  Cuando el crudo invierno congela las aguas, la escultura nos recordaría una crisálida transparente, mientras que en verano la delicada vegetación evocaría un tronco de árbol. Cambiante, en evolución, como la propia Meret Oppenheim.

Falleció tres años más tarde a la edad de setenta y tres años por un ataque al corazón.  En su honor y recuerdo, la Oficina suiza de Cultura creó el Premio Meret Oppenheim que anualmente se otorga a artistas de reconocido prestigio.

Musa, extrovertida, fetichista, irónica, creativa, anticonformista, surrealista, desenvuelta, ecléptica, fascinante, poliédrica, original, libre, Meret Oppenheim.

María Gonzaga

15 de enero  de 2019

Bibliografía consultada:

Meret Oppenheim. Retrospective. Bank Austria Kunstforum.