"Repostando comida", 1996. Tetshuda Ishida: la pérdida del ser.

Acrílico sobre tabla. 145 * 206 cm.  Shizouka Prefectural Museum of Art.
Tetsuya Ishida (Shizuoka, Japón, 1973 – Tokyo, 2005)

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Tetsuya Ishida nació en la ciudad japonesa de Shizuoka, epicentro de una importante industria comercial pesquera, siendo el menor de cuatro hermanos. Familia acomodada, su padre era miembro del Parlamento, y su madre fue ama de casa y ambos deseaban una profesión convencional para sus hijos, como la de profesor o químico. Tetsuya no pudo evitar contravenir el predicado paternal, e ingresó en la Musashino Art University. No contó con sustento económico de sus padres para este proyecto, motivo por el cual comenzó a trabajar como diseñador gráfico para auto-sustentarse. Pronto abandonó la compañía para lanzarse a su carrera como pintor.

No ausente de la rígida idiosincrasia japonesa, Tetsuya utilizó su obra como medio de representación de esta.  Japón es un país reconocido mundialmente por sus tradiciones ancestrales, el sentido del honor, su capacidad de trabajo y disciplina así como por sus incuestionables avances tecnológicos. No obstante, tiene también una cara oscura, que se materializa en una creciente soledad y la incomunicación. Ello explica el alto número de suicidios, como probablemente fuera el motivo de la muerte de Tetsuya con apenas 32 años, tras ser arrollado por un tren.

Bajo una simple composición naíf y pinceladas sobrias, Tetsuya plantea en su obra profundas y dolorosas inquietudes del sistema capitalista. El individuo se presenta con la cabeza hueca en algunas ocasiones, en otras parecería una extensión de las máquinas (¿quién maneja a quién?), también lo refleja dormido en postura fetal, o siendo un producto dentro de una cadena de montaje, o introducido en el caparazón de un insecto. En relación a esto último, resulta difícil no recordar La Metamorfosis de Frank Kafka.

Ishida plantea “hombres-máquina”, “hombres-lavabo”, “hombres-radiador”, hombres-maleta”, “hombres-escritorio”,… Los rostros son muy parecidos, caracterizados por fuerte despersonalización, cubiertos por un barniz de desolación y melancolía. El cromatismo neutro fortalece esta sensación. No hay lugar para el placer, como así se desprende de la obra “repostando comida”, donde la ingesta tiene un puro carácter funcional, muy alejado al disfrute. Parecería que la cuestión que plantea no es ¿quién somos? sino ¿qué somos y hacia dónde vamos?”. 

Esta situación no es exclusiva de los adultos, y así el artista también incluye en su obra niños alienados por el sistema educativo actual. Denuncia que se coarta la capacidad de discernimiento propio desde la infancia, para asegurar que los futuros adultos no escapen del eslabón en que se convertirán dentro de la cadena neo-esclavista.

«Retratos de otros. Al principio era un autorretrato. Intenté reflejarme a mí mismo -mi fragilidad, mi tristeza, mi ansiedad- como una broma o algo divertido sobre lo que reír. Transformarme en objeto de risa, o de más tristeza».

Resulta misteriosa la presencia de una bolsa de plástico en muchas de las obras de Ishida. Al respecto, el artista rehuyó responder la pregunta.

Si una de las posibles pretensiones del arte es hacernos reflexionar, eso lo consigue Tetsuya Ishida, con la efectividad de un derechazo en nuestra mandíbula.

 

María Gonzaga

1 de septiembre de 2019

Biografía consultada:

“Tetsuya Ishida. Autorretrato de otro”. Museo Nacional Reina Sofía.