"Retrato de María Asúnsolo", 1941. María Izquierdo, el delito de ser mujer y tener talento.

Óleo sobre masonite. 76 * 60 cm.
Colección Andrés Blaisten, Mexico.

María Cenobia Izquierdo Gutiérrez (San Juan de los Lagos, Jalisco, 1902 - Ciudad de México, 1955).

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A comienzos del siglo XX nace en la ciudad mexicana de Jalisco María Cenobia Izquierdo. Pronto quedó huérfana de padre y su madre la dejó al cargo de los abuelos. Retornaría con ella cuando esta contrajo nuevo matrimonio. Jalisco, Aguascalientes y Coahuila serían las ciudades en las que transcurrió la infancia de María, acompañada de los dibujos y pinturas que realizaba de forma autodidacta sobre aquello que la circundaba: escenas del campo, retratos familiares y naturalezas muertas.

Con apenas quince años, contrae matrimonio con un militar y la joven pareja se establece en Ciudad de México. De la unión nacerían tres hijos, pero no tardaría en llegar la separación, pues defendía la necesidad de ser algo más que madre y fiel esposa. Tras esta, María se matriculó en la Escuela de Bellas Artes, consciente de las carencias formativas limitantes. Su genio artístico le permitió avanzar rapidez en la formación, permitiéndosele incluso realizar parte de los ejercicios desde su casa ante la confianza generada en los maestros. En dichos círculos, conoció a quien sería su mentor y compañero sentimental por breve espacio de tiempo, Rufino Tamayo. Ambos explorarían la pintura incluso realizando conjunta o secuencialmente diversas obras, hasta el punto que surgen dudas en la catalogación a una u otro  en algunas de las piezas de esta etapa. En el futuro, los celos profesionales del él, le llevarían a no mencionar su nombre

La primera exposición de María Izquierdo tendría lugar en el Palacio de Bellas Artes, de la que se hizo eco la prensa nacional. El pintor Diego Rivera, Presidente de la Escuela Nacional de Bellas Artes, emitió una crítica favorable sobre la obra de la incipiente artista, a quien juzgó como “un valor seguro”.

Con apenas 28 años, fue invitada a exponer en el Art Center de Nueva York, siendo la primera mujer mexicana en mostrar colectivamente su obra fuera de las fronteras de su país. Con posterioridad, su obra sería expuesta en diversos lugares de Estados Unidos, París, Tokio, Río de Janeiro, Bombai y Santiago de Chile entre otros países.

Formó parte del Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR), grupo anticapitalista y defensor del comunismo en México.

Escenas del costumbrismo mexicano, de fantasía, de circo, de soledad, retratos, incursiones naturalistas y todo ello, con fuerte sello femenino intimista e influencias surrealistas, de alta intensidad cromática, constituyen el ideario artístico de María Izquierdo. Siempre con un poso de tristeza. Óleo, acuarela y guaché fueron las técnicas empleadas por la pintora.

María establecería amistad con la mecenas de arte María Asúnsolo, a quien realizó tres retratos, uno de ellos, el que encabeza este artículo. A diferencia de los que le ejecutaron otros artistas, haciendo hincapié en el aspecto mundano o sensual de la coleccionista, Izquierdo la representó con una sencilla blusa de campesina, con encaje blanco y listón negro, añadiéndole el collar de la pintora solía incluir en sus autorretratos, en perlas y coral. No solo este adorno nos recuerda los autorretratos de la artista, también la disposición honesta y frontal, así como el fondo de terracota.

El poeta francés Antonin Artaud diría sobre Izquierdo “Incuestionablemente, está en comunicación con las verdaderas fuerzas del alma india”. Sobre ella, la escritora Elena Poniatowska afirmó que aunque “se adornaba más que una piñata” pese a lo cual, "no era una folclórica, sino una mujer esencial”.

Recibiría importantes encargos, con el de un gran mural en el Distrito Federal de México en 1945. No obstante, el encargo fue suspendido cuando poco faltaba para iniciarse, por considerar que una mujer no podría ejecutar una obra de tal envergadura (doscientos metros cuadrados). La galerista María Asúnsolo se encargó de recabar firmas en contra de este atropello, sin poder finalmente evitarlo. Y es que las entrañas del intrincado machismo imperante, se revolvían ante el genio artístico de esta gran pintora, que llegó a afirmar “es un delito ser mujer y tener talento”. La discriminación era doble, la mencionada masculina, así como la de las mujeres que consideraban que se alejaba de lo que se esperaba de una “mujer auténtica”, más cerca del lado “masculino bohemio”. Pese a los reveses, decidió ser ella misma y luchar por hacer lo que amaba.

El pintor Uribe se convertiría en representante y pareja sentimental de María, hasta que a la edad de cuarenta y seis años, la artista sufrió una hemiplejía que la paralizó medio cuerpo, y la abandonó no sin antes robarle sus pertenencias. De nuevo acudió en su ayuda fiel amiga María Asúnsolo, organizando una subasta para recaudar fondos.

La fortaleza interior de la artista, le permitió no abandonar su pasión por los pinceles, que pasó a manejar con la mano izquierda, aunque decayó la repercusión de su obra, tanto por sus dificultades físicas, como por el fuerte complot que sus colegas masculinos realizaron sobre ella.

Apenas ocho años más tarde, fallecería en una situación de pobreza y soledad. Los años setenta su obra comenzó a ser revalorizada, más incluso fuera que en su propio país.

Valga desde aquí, mi homenaje a una artista y mujer frontal, tras cuyas grietas, consiguió pasar la luz.

María Gonzaga

25 de febrero  de 2019

Bibliografía consultada:

"Grandes mujeres artistas". Ed. Phaidon.
"Las siete cabritas". Ed. Era. Elena Poniatowska.