Yayoi Kusama, alucinaciones al servicio del Arte.

Yayoi Kusama nació en la localidad japonesa de Matsumoto en 1929. Su padre se dedicaba al negocio de las semillas y su madre fue ama de casa. Reveló que durante su infancia, su madre le encargaba expiar a su padre en sus escapadas extramaritales, algo que le afectó profundamente y de por vida. Inadaptada al papel en el que queda subordinada la mujer en la encorsetada cultura japonesa, decidió mudarse a Nueva York en 1957. Allí formaría parte del círculo de artistas emergentes, como Andy Warhol. Se dice que inicialmente vivió en un maltrecho taller sin ventanas, y que padeció un episodio febril tras el que inició un personal estilo artístico, basado en círculos de distinto tamaño. No en vano revelaría: ”Los puntos son sólidos e infinitos. Son una forma de vida. Sol, luna, estrellas son cientos de millones de puntos. Cada ser humano es también un punto. Los puntos no pueden existir por sí mismos, solo pueden existir cuando se reúnen unos con otros. Admiro completamente su infinitud y estoy profundamente conmovida por la grandiosa presencia del universo, que está lleno de un poder misterioso”.

Adelantada a sus tiempos, Yayoi experimentó distintas técnicas, como el papel tapiz, que más adelante trabajarían entre otros el propio Warhol. Famosos fueron también sus happenings, mediante el cual empleada el cuerpo pintado de modelos a modo de pincel sobre sus lienzos, teniendo como telón de fondo el skyline neoyorkino, el puente de Brooklyn, Wall Street o Central Park. Ganó numerosos adeptos, pero se acrecentaron también sus problemas mentales. Muestra de ello, fue la oferta que le hizo al presidente de los Estados Unidos Richard Nixon de mantener relaciones sexuales a cambio de acabar la guerra de Vietnam.

Desarrolló obras de gran formato, en las que logra incluir al espectador dentro de una red en la que proliferan puntos, ojos y autorretratos de perfil.

Por voluntad propia, Yayoi ingresó en un sanatorio mental tras su regreso a Japón en 1973 donde continúa hoy en día, en lo que parecería más un particular estilo de vida que una reclusión.

María Gonzaga

1 de julio de 2020